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Los escándalos y la sanación

Quien delineó un balance mediático del viaje en Irlanda, breve y que se anunciaba lleno de obstáculos fue el mismo Papa durante el vuelo de regreso a Roma. Al finalizar la larga rueda de prensa, como siempre llena de preguntas, Francisco quiso añadir haber encontrado en el país «una fe arraigada y fuerte». Y precisamente basándose en esta, el pueblo irlandés está atravesando un difícil proceso de sanación de las heridas todavía abiertas por los escándalos causados, a lo largo de los diversos decenios, de abusos a menores, auténticos crímenes, dentro de la Iglesia.

El Pontífice lo quiso decir a los periodistas que lo acompañaron «porque es lo que he visto, he escuchado y sobre lo que en estos dos días me he informado». Entre otros, en un duro y conmovedor encuentro que duró más de una hora y media con algunos «supervivientes» y que tuvo lugar poco después de su llegada a Dublín. De aquí nació la propuesta del Papa de pedir perdón, «pero sobre cosas concretas», en la misa final; «y ellos la aceptaron y me han ayudado a realizarla» añadió Bergoglio. Con un proceso doloroso, «pero también con la consolación de poder ayudar a aclarar» esto que ha sucedido y ha sido después declarado por Francisco delante de casi medio millón de fieles en el acto penitencial al principio de la celebración en Phoenix Park, entre el viento y la lluvia.

Inevitablemente han sido diferentes aspectos de los abusos, «de poder, de conciencia y sexuales», por parte de exponentes de la Iglesia que marcaron la rueda de prensa, durante la cual el Papa también respondió sobre un nuevo episodio de oposición interna. «No diré una palabra sobre esto» dijo, porque «habla por sí mismo, y vosotros tenéis la capacidad periodística suficiente para extraer las conclusiones». Demostrando así confianza en la «madurez profesional» de los periodistas, según una línea iniciada en la Iglesia en el tiempo del Concilio y después desarrollada a los largo de los decenios sucesivos, tanto entre las sombras y las luces, por ambas partes.

Esta confianza volvió en las palabras de Bergoglio en otra respuesta sobre «cómo los medios pueden ayudar», cuando el Pontífice citó el caso que implicó a un sacerdote de Granada, don Román Martínez Velázquez, acusado sin fundamente de abusos con otros sacerdotes de la diócesis andaluza: durante tres año marcados por una auténtica criminalización periodística, y como consecuencia también pública, pero después absueltos todos tanto por la justicia civil como por la eclesiástica. Por tanto, «vuestro trabajo es muy delicado», porque «tenéis que decir las cosas pero siempre con esta presunción» de inocencia, y no de culpabilidad, resumió Francisco.

Igualmente meditada y atenta para no entrar mínimamente en los aspectos políticos ha sido la respuesta del Papa sobre la acogida de los migrantes: un principio moral muy antiguo pero que hoy debe ser declinado con razón y prudencia, teniendo presente la indispensable integración de los recién llegados y los múltiples horrores, en los países de pertenencia y en los de llegada, de la trata de seres humanos, vergüenza de nuestras sociedades. Sobre el fondo de un viaje papal que aún así ha tenido en su centro una fiesta de las familias, pero sobre todo la fe del pueblo irlandés.

g.m.v.

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14 de Noviembre de 2018

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