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Los brazos abiertos
del pueblo cubano

La misa del Papa Francisco, el domingo por la mañana, fue una auténtica fiesta de la fe, animada por cantos y oraciones y por el entusiasmo de las quinientas mil personas que se reunieron en la Plaza de la Revolución de la Habana. 

Un lugar de enorme valor simbólico en Cuba, escenario de importantes reuniones cívicas, sobre la que se levanta la enorme efigie de otro argentino, el Che Guevara.Un espacio que ha vuelto a dar cabida a una celebración religiosa presidida por un Pontífice, como había ya sucedido en 1998 con la misa celebrada por el Papa Juan Pablo II y de nuevo en 2012 con Benedicto XVI . Ayer le tocó al Papa Francisco subir al palco, frente al cual, para la ocasión, se desplegó un cartel gigantesco de la imagen del Cristo de la Misericordia con la inscripción Vengan a mí que cubría los más de diez pisos de la Biblioteca nacional. En el lado opuesto una imagen de gran tamaño de la Madre Teresa de Calcuta y el lema de la visita Misionero de misericordia. Y el misionero de la misericordia venido de Roma dirigió palabras de aliento a la multitud que se había reunido para escucharlo. Y dijo que el pueblo cubano «es un pueblo que camina, que canta y alaba. Es un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos».

Inmediatamente después de la misa, Francisco fue a la casa de Fidel Castro —a quien nada más llegar al aeropuerto había enviado un saludo— para una reunión privada. La conversación, que fue muy cordial y tuvo lugar en presencia de su esposa y otros miembros de la familia, duró más de treinta minutos.

de nuestro enviado Gaetano Vallini

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22 de Septiembre de 2019

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