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Lo que el Sínodo
nos ha dejado

· Verdad y misericordia no son incompatibles ·

Sin dudas el Sínodo sobre la familia concluido el domingo 25, ha marcado un antes y un después en la historia de la Iglesia. Durante 22 largos días, 18 congregaciones generales, 19 ruedas de prensa, 328 intervenciones de los padres sinodales, 36 horas de trabajo en los círculos menores y un documento final con 94 párrafos sobre la misión y vocación de la familia en la actualidad, mucho se ha dicho y sobre todo queda por decir. 

«Queridos padres sinodales, hemos caminado juntos... Gracias por el camino que hemos compartido con nuestros ojos fijos en Jesús y en el misterio del amor de la familia», han sido las palabras del Papa Francisco durante la homilía de clausura del Sínodo, en la basílica de San Pedro.

Marcela Mazzini ha sido una de los 51 auditores laicos en el Sínodo sobre la familia, con voz pero sin voto. Es argentina, doctora en teología y docente e investigadora de la Universidad católica argentina. «La familia cambió más en los últimos 50 años que en el resto de su secular historia. Pero más allá de eso, el deseo de familia y de un amor para toda la vida no se apagó», afirma.

¿Cuál es su balance del Sínodo?

Creo que el verdadero desafío del sínodo era lograr tener una actitud de apertura cordial y disposición de servicio: abrirnos confiados al Espíritu porque «donde dos o tres se reunen en mi nombre —dice Jesús— yo estoy en medio de ellos» (Mt 18, 20). Y esto se ha logrado. Otra cosa importante es el deseo de estar cerca de las familias. Lo importante era rescatar los elementos de caridad y de valores evangélicos presentes en las relaciones humanas e invitar a todos a crecer, aunque se den situaciones complicadas. Pienso que necesitamos nuevas iniciativas y estrategias, para poner a funcionar la creatividad pastoral, buscar una espiritualidad y una ética del cuidado de la familia. Las palabras son importantes y partimos con la definición de «situaciones irregulares» para llegar a la de «familias heridas»: un hallazgo de Francisco.

Como decía Puebla, la Iglesia es la familia de Dios. Ahora el Papa suma la expresión de «hospital de campaña». Dos paradigmas para este momento de crisis vincular y familiar. Todos queremos una familia capaz de recibirnos estemos donde estemos, como hacen los buenos padres y madres con sus hijos. Y tenemos que saber que hay distintas concepciones de familia. Quizá pocas con todos los papeles en regla. Pero hay varios armados de familia. En el documento final hay una mirada bastante positiva hacia los tipos de familia que no se corresponden con el modelo tradicional e ideal para la Iglesia: los matrimonios civiles, las uniones de hecho o incluso las parejas que conviven sin casarse. «Todas estas situaciones han de ser afrontadas de manera constructiva». Y luego se añade: «La decisión de vivir juntos es signo de una relación que quiere realmente orientarse a una perspectiva de estabilidad». Considero muy positivo también el buen reflejo que la Iglesia demostró en el acompañamiento a las familias en situación de inmigración. En materia social la Iglesia está muy despierta, la moral social es muy fuerte en la Iglesia de hoy.

Uno de los grandes tema del Sínodo ha sido el de la indisolubilidad del matrimonio, ¿qué hacer si no es posible continuar con el vínculo?

El matrimonio se funda en un sacramento, un signo, un instrumento del amor de Cristo por la Iglesia. Hay que tener en cuenta que éste (el matrimonio de Cristo y la Iglesia) es perfecto y escatológico. Precisamente para nosotros los cristianos este es el modelo, tratamos de acercarnos a él cada día, es nuestro punto de llegada. El matrimonio moderno se construye día a día, se va acrisolando en medio de las dificultades, las alegrías, los pecados… La vida es un gran misterio. La carta a los Efesios (cf. Ef 5, 32) habla de la vida de los esposos como un gran misterio que se refiere a Cristo y a la Iglesia. A veces no hay respuesta frente a las crisis, pero la fe nos dice que el Señor nos va a acompañar siempre. La tarea del Sínodo es aportar soluciones, poniendo en juego, de modo mucho más eficaz, el apoyo de todos, desde los párrocos, las religiosas y los miembros de movimientos laicales que proporcionan acompañamiento espiritual y preparación al sacramento, hasta los matrimonios cristianos veteranos para ayudar a los matrimonios jóvenes a superar, sin romperse, las primeras dificultades, juzgadas erróneamente como insuperables. La Iglesia en la Argentina, a través de diferentes documentos y mensajes, advierte que la fidelidad en los vínculos es algo que tiende a no permanecer y propone desarrollar una pastoral del vínculo. El problema vincular se plantea tanto en el amor de pareja, como entre padres e hijos o entre amigos: preservar el vínculo en el tiempo, saber madurar y crecer. El tema de fondo es la madurez en el amor. Incluso la indisolubilidad del matrimonio cristiano debería ser considerada desde los vínculos humanos en general. Cada pareja debe cultivar y aumentar el vínculo en su dimensión antropológica, psicológica y teológico-espiritual. Ya que el matrimonio cristiano visibiliza el amor de Dios. Claro que no se trata de algo mágico, porque la gracia supone la naturaleza.

¿Cómo preparar a los jóvenes al matrimonio?

Se habló mucho de la preparación al matrimonio, en todos los círculos y también en el aula. Yo creo que la preparación al matrimonio no pueden ser tres charlas en donde la mayor parte del tiempo estamos más preocupados en ver dónde ponemos las flores y llenar expedientes que otra cosa. Se ha hablado de preparación remota y de preparación próxima al matrimonio. Casarse es algo serio. Hay que admitir un grave déficit en la preparación al matrimonio religioso. Se piensa poco en lo que realmente significa. Ciertamente las parroquias y las instituciones eclesiales querrían mejorar. Pero sabemos que deberían exigir una mayor conciencia del sacramento. En las encuestas que hay al respecto aparece la idea de que el matrimonio no es para toda la vida, sino mientras dure el entendimiento y la felicidad. Tendríamos que ser más claros.

¿Respecto al tema de las personas homosexuales?

No puede ser que una persona se sienta excluida de la comunidad cristiana por su condición de homosexual. En eso está todo el mundo de acuerdo. El tema del acercamiento de la Iglesia a los homosexuales queda recogido en un punto, en el que se explica que «cada persona, independientemente de su propia tendencia sexual, tiene que ser respetada en su dignidad, y acogida con respeto, con el cuidado de evitar cualquier marca de injusta discriminación».

¿Qué opina de la participación de la mujer en la Iglesia?

Yo creo que no tenemos que esperar nada escrito para ocupar nuestro lugar, obviamente el cambio cuesta y cualquier aparición nueva al principio cuesta y tiene resistencia. Creo que el Papa tiene mucha razón cuando pide a las mujeres de ocupar espacios. Las mujeres son las primeras transmisoras de nuestra religión. Hay que seguir trabajando.

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17 de Junio de 2019

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