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Las necesidades de los pobres

· En el Ángelus el Papa recuerda que la lógica de Dios es la de compartir ·

Mirar para otra parte ante a los pobres es «un modo educado» para decir: «arreglaos solos». El Papa Francisco no habla con rodeos cuando alerta a los cristianos del riesgo a acostumbrarse a la lógica del mundo, para la cual «cada uno debe pensar en sí mismo» y antoponer sus propias exigencias a las de quien padece más necesidad. Pero «esto no es de Jesús, esto es egoísmo», recordó en el Ángelus del domingo 3 de agosto, en la plaza de San Pedro, al comentar el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces.

Un episodio del cual el Pontífice invitó a acoger «tres mensajes». Ante todo el de la compasión, testimoniada por la actitud de Jesús que ante la multitud no reacciona con «fastidio» sino que se identifica «con el sufrimiento de los demás, hasta el punto de cargarla sobre sí». De este modo Él nos enseña a tener conciencia de que «nuestras exigencias, incluso siendo legítimas, no serán nunca tan urgentes como las de los pobres». Quienes –advirtió el obispo de Roma– «no tienen lo necesario para vivir, no tienen para comer, no tienen para vestirse, no tienen la posibilidad de comprar medicinas».

De aquí deriva un segundo mensaje: el compartir. Mientras los discípulos –observó el Papa Francisco– aconsejan despedir a la multitud «para que puedan ir a conseguir la comida», Jesús «razona según la lógica de Dios, que es la de compartir». Y les pide que den de comer a esa gente «esos pocos panes y peces» que, «compartidos y bendecidos por Dios, fueron suficientes para todos». Un milagro que «no es magia, es un “signo”: un signo que invita a tener fe en Dios, Padre providente, quien no nos hace faltar “nuestro pan de cada día”, si sabemos compartirlo como hermanos».

Por último, el mensaje de la Eucaristía, prenunciado por el prodigio de los panes. La bendición que precede a la distribución a la gente «es el mismo gesto –observó el Pontífice– que Jesús realizará en la última Cena, cuando instituirá el memorial perpetuo de su sacrificio redentor». En la Eucaristía, en efecto, Cristo «no da un pan» sino que «se da a sí mismo, entregándose al Padre por amor». Y también nosotros, recomendó el Papa al concluir, «tenemos que ir a la Eucaristía con estos sentimientos de Jesús, es decir, la compasión y la voluntad de compartir».

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23 de Octubre de 2019

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