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​La visita del pastor

En el encuentro con los periodistas durante el vuelo entre Santiago de Cuba y Washington el Papa dijo que su viaje a la isla caribeña tuvo un carácter «muy pastoral» en apoyo a los católicos. Confirmando explícitamente una intención que se presentó evidente a quienquiera que haya seguido las etapas del itinerario papal. A esto hay que añadir el declarado apoyo —gracias a la decisión inesperada de unir en una misma visita Cuba y Estados Unidos— al acercamiento en curso entre los dos países, al cual han contribuido exponentes de los respectivos episcopados católicos y que, con discreción, ha sido favorecido por las buenas oficinas de la Santa Sede.

Significativa ha sido la conclusión de la etapa cubana de este viaje americano en dos momentos emocionantes y con gran concurrencia de fieles: la misa en el santuario mariano nacional del Cobre y en Santiago la celebración con las familias, casi una introducción al encuentro mundial de Filadelfia y a la asamblea sinodal, muy esperada y ya inminente. Acogido en ambos sitios con auténtico entusiasmo y afecto, el Pontífice partió de los episodios evangélicos de la visitación de María a Isabel y de las bodas de Caná para presentar una vez más, y ciertamente no sólo a los cubanos, la misión de la Iglesia y el insustituible papel de la familia.

En el centro de la meditación en el Cobre estuvo un aspecto muy querido por Bergoglio: la inquietud que, como después del anuncio del ángel impulsó a la Virgen a visitar a la anciana pariente, debe alentar así a la Iglesia a «salir de casa». Siguiendo el ejemplo de la Virgen, quien en Cuba protegió «la lucha de todos los que han sufrido por defender los derechos de sus hijos». Las dificultades nunca apagaron la fe, mantenida viva entre innumerables dificultades por «abuelas, madres, y tantos otros que con ternura y cariño fueron signos de visitación, como María, de valentía, de fe» en el seno de muchas familia. Y hoy «nuestra revolución pasa por la ternura», conduciendo a salir de las iglesias y sacristías «para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación» exclamó el Papa.

Durante el último encuentro de los tres días cubanos, el Pontífice dejó a los católicos la tarea de tejer un nuevo alto elogio de la familia, iglesia doméstica y lugar donde «se une el pasado que heredamos y el futuro que nos espera»: aquí, en efecto, al encontrarnos cada día, «aprendemos la fraternidad, aprendemos la solidaridad», la acogida de la vida y el perdón. Cierto —añadió— en muchas culturas «van despareciendo estos espacios, van desapareciendo estos momentos familiares». Pero la familia nos salva de dos fenómenos como la fragmentación y la masificación, que transforman a las personas «en individuos aislados fáciles de manipular, de gobernar», indicó Bergoglio.

Las familias, espacios donde se aprende la humanidad, no son entonces un problema sino una oportunidad, «que tenemos que cuidar, proteger y acompañar»: escuelas del mañana, espacios de libertad y centros de humanidad, sintetizó el Papa Francisco. Es necesario, entonces, orar en vísperas del encuentro de Filadelfia y del Sínodo «para que sepamos entre todos ayudarnos —concluyó— a cuidar la familia», descubriendo a ese Dios que vive en medio de su pueblo y hace de las familias su casa.

g.m.v.

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17 de Septiembre de 2019

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