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La única respuesta posible al mal

La meditación del Papa durante el Vía Crucis con los jóvenes, en el santuario dedicado a san Juan Pablo II, nos invita a ser escritores vivientes del Evangelio

Ante el mal y el sufrimiento «la única respuesta posible» para el cristiano es la actitud de servicio. A los jóvenes de la JMJ que han dado vida al sugestivo rito del Vía Crucis, inspirado en las obras de misericordia, el Papa ha dedicado la tarde del viernes 29 de julio, una profunda reflexión sobre el misterio del dolor. A partir de la decisiva pregunta que –ha reconocido– «más veces resuena en nuestra mente y en nuestro corazón: “¿Dónde está Dios?”».

Francisco ha repetido esta pregunta a los muchísimos chicos y chicas reunidos en la gran explanada de Błonia, Cracovia. ¿Dónde está Dios, si en el mundo existe el mal, si hay gente que pasa hambre o sed, que no tienen hogar, que huyen, que buscan refugio? ¿Dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren a causa de la violencia, el terrorismo, las guerras? ¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿O cuando los niños son explotados, humillados, y también sufren graves patologías? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida?

Se trata de cuestiones, ha explicado el Pontífice, «para las cuales no hay respuestas humanas». La única respuesta verdadera viene de Jesús y es la del «donarse a sí mismo, además de la vida a imitación de Cristo»: en una palabra, la respuesta del servicio. «Si uno, que se retiene cristiano, no no vive para servir –ha advertido el Papa– no sirve para vivir: con su vida reniega a Jesucristo».

La realidad del dolor y del sufrimiento ha sido la parte central de la visita cumplida a primera hora de la tarde en el hospital pediátrico de Prokocim. Y ha vuelto ha hacerse presente en las palabras dirigidas más tarde, a los numerosos jóvenes reunidos, como cada tarde, ante el arzobispado para saludarle. «¡Cuanto dolor, cuanta crueldad!» ha exclamado Francisco recordando la parada silenciosa realizada por la mañana en Auschwitz. Y precisamente volviendo con el pensamiento a la tragedia de la Shoah, el Papa ha alertado ante la tentación de creer que la crueldad haya terminado en el tristemente famoso campo de concentración nazi de Polonia. «También hoy –ha denunciado– se tortura a gente» y «hay hombres y mujeres en las cárceles abarrotadas de gente» que viven «como animales». De aquí la invitación a orar «por todos los Jesús que hoy hay en el mundo»: los hambrientos, los enfermos, los niños inocentes, las víctimas de las guerras y de las torturas, los presos.

Bajo el signo de la misericordia se ha abierto después la cuarta Jornada del viaje. Francisco se ha dirigido al santuario de la Divina misericordia de Łagiewniki, donde ha confesado a algunos jóvenes, y sucesivamente ha visitado el santuario dedicado a san Juan Pablo II, en el cual ha presidido la misa con los sacerdotes, los religiosos y seminaristas polacos. En la homilía, ha invitado nuevamente a no encerrarse entre certezas y comodidades, e ir por el mundo sirviendo a los demás y a ser «escritores vivientes del Evangelio» de la misericordia.

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13 de Noviembre de 2019

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