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La sobriedad, estilo del cristiano

· En el Ángelus el Papa relanza el llamamiento de Juan Bautista a la conversión ·

Solidaridad y asistencia para los emigrantes, refugiados y apátridas

Los cristianos deberían “optar por la sobriedad como estilo de vida, especialmente en preparación para la fiesta de la Navidad”. Fue la indicación del Papa en su alocución previa al Ángelus del domingo 4 de diciembre, en la Plaza de San Pedro, al hablar de la figura de Juan Bautista. Cuando concluyó la oración mariana, Benedicto XVI recordó que próximamente se celebran tres aniversarios de convenciones ligadas a la movilidad humana, y pidió solidaridad para aquellos que, afectados por este fenómeno, se hallan en situaciones de emergencia.

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo señala la segunda etapa del Tiempo de Adviento. Este período del año litúrgico pone de relieve las dos figuras que desempeñaron un papel prominente en la preparación de la venida histórica del Señor Jesús: la Virgen María y san Juan Bautista. Precisamente en este último se concentra el texto de hoy del Evangelio de Marcos. Describe la personalidad y la misión del Precursor de Cristo (cf. Mc 1, 2-8). Empezando por el aspecto exterior, se presenta a Juan como una figura muy ascética: vestido de piel de camello, se alimenta de saltamontes y miel silvestre, que encuentra en el desierto de Judea (cf. Mc 1, 6). Jesús mismo, una vez, lo contrapone a aquellos que «habitan en los palacios del rey» y que «visten con lujo» (Mt 11, 8). El estilo de Juan Bautista debería llamar a todos los cristianos a optar por la sobriedad como estilo de vida, especialmente en preparación para la fiesta de la Navidad, en la que el Señor —como diría san Pablo— «siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza» (2 Co 8, 9).

En lo que se refiere a la misión de Juan, fue un llamamiento extraordinario a la conversión: su bautismo «está vinculado a un llamamiento ardiente a una nueva forma de pensar y actuar, está vinculado sobre todo al anuncio del juicio de Dios» (Jesús de Nazaret, I, Madrid 2007, p. 36) y de la inminente venida del Mesías, definido como «el que es más fuerte que yo» y «bautizará con Espíritu Santo» (Mc 1, 7.8). La llamada de Juan va, por lo tanto, más allá y más en profundidad respecto a la sobriedad del estilo de vida: exhorta a un cambio interior, a partir del reconocimiento y de la confesión del propio pecado. Mientras nos preparamos a la Navidad, es importante que entremos en nosotros mismos y hagamos un examen sincero de nuestra vida. Dejémonos iluminar por un rayo de la luz que proviene de Belén, la luz de Aquel que es «el más Grande» y se hizo pequeño, «el más Fuerte» y se hizo débil.

Los cuatro evangelistas describen la predicación de Juan Bautista refiriéndose a un pasaje del profeta Isaías: «Una voz grita: “En el desierto preparadle un camino al Señor, allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios"» (Is 40, 3). San Marcos introduce también una cita de otro profeta, Malaquías, que dice: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino» (Mc 1, 2; cf. Mal 3, 1). Estas referencias a las Escrituras del Antiguo Testamento «hablan de la intervención salvadora de Dios, que sale de lo inescrutable para juzgar y salvar; a él hay que abrirle la puerta, prepararle el camino» (Jesús de Nazaret, I, p. 37).

A la materna intercesión de María, Virgen de la espera, confiamos nuestro camino hacia el encuentro del Señor que viene, mientras proseguimos nuestro itinerario de Adviento para preparar en nuestro corazón y en nuestra vida la llegada del Emmanuel , el Dios-con-nosotros.

Después del Ángelus, antes de dirigir sus saludos en diversas lenguas a los grupos presentes, el Pontífice pidió solidaridad hacia quienes se ven obligados a abandonar su propio país.

En los próximos días en Ginebra y en otras ciudades se celebrará el 60° aniversario de la institución de la Organización mundial para las migraciones, el 60° aniversario de la Convención sobre el estatus de los refugiados y el 50° aniversario de la Convención para reducir los casos de apatridia. Encomiendo al Señor a cuantos, frecuentemente a la fuerza, deben abandonar su país o están privados de nacionalidad. A la vez que aliento la solidaridad respecto a ellos, pido por todos los que se prodigan para proteger y asistir a estos hermanos en situaciones de emergencia, exponiéndose también a graves fatigas y peligros.

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17 de Junio de 2019

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