Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

La sed maestra del alma

· Don Tolentino de Mendonça explica el tema de los ejercicios espirituales al Pontífice y a la Curia Romana ·

«El agua es enseñada por la sed». Cita una poesía de Emily Dickinson para explicar que hoy es necesario reencontrar «el coraje de tomar la sed como maestra en los caminos del alma». Don José Tolentino de Mendonça ha elegido precisamente el «elogio de la sed» como tema de los ejercicios espirituales cuaresmales que desde el 18 hasta el 23 de febrero predicará al Papa y a la Curia Romana en la casa Divin Maestro en Ariccia. En esta entrevista con L'Osservatore Romano, el sacerdote portugués, vicedirector de la Universidad católica de Lisboa y consultor del Pontificio consejo de la cultura, pero también poeta y escritor, cuenta su experiencia espiritual y literaria, ilustrando las líneas de fondo de las diez reflexiones que tendrá a partir del domingo por la tarde.

¿Cómo ha acogido la invitación del Papa a predicar los ejercicios?

Las sorpresas de Dios nos hacen temblar, pero al mismo tiempo llevan consigo una invitación a la confianza, puesto que sabemos que Dios se revela en nuestra debilidad. La invitación del Santo Padre me ha traído un sentido profundo de humildad, porque soy un simple padre que enseña el Nuevo Testamento en una capital casi periférica de Europa como Lisboa, responsable de una pequeña comunidad urbana de cristianos, con una presencia en el mundo universitaria y cultural de mi país. Pero cuando les dije que era un trabajador anónimo de la viña del Señor, el Papa Francisco me exhortó a compartir mi pobreza, con sencillez y libertad.

¿Cuál es su formación académica?

He estudiado Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico, en Roma y después hice el doctorado en teología bíblica sobre un texto del Evangelio de Lucas, la escena del encuentro entre Jesús y la pecadora en casa de Simón, el fariseo (7, 36-50). En estos años estoy trabajando sobre algunos temas del cristianismo de los orígenes, tanto en la tradición de los Sinópticos, como en los textos de Pablo. Me interesa mucho, por ejemplo, el tema de la cantina y la comida. Pero también la construcción de la identidad cristiana en el universo paulino.

Usted es también poeta y escritor, ¿cuál es la relación entre arte y fe en su experiencia literaria?

El escritor Marcel Proust nos ha dado una de las definiciones de la literatura más precisas. Según él, la literatura es una lente fotográfica que agranda la realidad, permitiéndonos acceder a sus detalles en profundidad. Hoy se afronta cada vez más la literatura como un interlocutor importante para el trabajo teológico o para el recorrido espiritual. La literatura nos implica en la experiencia, nos permite conocer el mundo en torno a nosotros y el mundo dentro de nosotros.

¿Por qué ha elegido la sed como tema de sus reflexiones?

Una cosa que me preocupa mucho concretamente es que la fe no tenga solo una credibilidad racional, sino que sea también creíble desde el punto de vista antropológico. La fe no es una ideología: es experiencia. La sed es un tema que lo muestra bien. La sed no es una idea, sino que revela la vida en su realidad. No es un caso que la Sagrada Escritura haga de la sed un tema recurrente. Por ejemplo, más de una vez, en los Evangelios escuchamos a Jesús decir que tiene sed. ¿Qué significa esta sed? ¿Y qué puede significar para nosotros en esta estación concreta de la vida de la Iglesia? La espiritualidad y la mística cristianas han cultivado con sabiduría la temática de la sed, pero esta última para nosotros puede funcionar también como un mapa útil para afrontar el presente.

¿Qué propuestas se pueden dar hoy a la sed espiritual del hombre?

Cuando realmente acogemos con satisfacción los desafíos de la sed, percibimos que lo más importante no es apagarla adecuadamente, sino interpretarla, profundizar en su significado, intensificarla, llevarla más allá. La sed, en sí misma, es una herencia espiritual. Como dijo la poetisa Emily Dickinson, «el agua es enseñada por la sed». Debemos tener el coraje de tomar la sed como maestro en los caminos del alma.

La sed es también una de las pobrezas materiales del hombre. ¿Cuál es la tarea de los cristianos frente a este desafío?

Es un asunto muy importante, porque corremos el riesgo de entender la sed cómodamente solo en un sentido simbólico y espiritual y de olvidarnos de su sentido literal. Pero la sed no nos cierra en nosotros mismos. Al contrario, nos pone ante la pregunta que Dios hace al principio: «¿Dónde está tu hermano?» Hay una sed de las periferias que nos obliga a reinventar el significado de la fraternidad, no como un concepto, sino como una práctica, un estilo de relación eclesial.

Pero la sed de Dios y la sed del hombre a menudo no coinciden. ¿Cómo se puede encontrar un punto de encuentro?

La sed de nuestro corazón necesita ser purificada y redirigida. En una sociedad de consumo, como la típica del mundo occidental, la sed a menudo se reduce a un gesto consumista. Lo que percibimos hoy como un problema grave en nuestras sociedades es que la hiperestimulación del deseo está generando una incapacidad para desear. Los pequeños sedimentos que nos absorben se transforman en un obstáculo para vivir la gran sed: la sed de sentido, de verdad, de belleza, de absoluto o de infinito.

de Nicola Gori

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

25 de Mayo de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS