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La riqueza de México

Son los jóvenes la riqueza de México. Convencido se lo dijo el Papa a miles de ellos reunidos en el estadio de Morelia, quien a las nuevas generaciones dedicó la entera jornada transcurrida en la capital del estado de Michoacán, centro geográfico del país. Antes de la gran y festiva fiesta, en efecto, Bergoglio había celebrado la misa para los sacerdotes, los religiosos, los seminaristas en otro estadio de la antigua ciudad, mientras en la catedral se encontró con cientos de niños, improvisando una lección de catecismo brevísima y eficaz.

En la homilía, el Pontífice habló de un tema que le es muy querido, la oración, y dijo que «se aprende a orar como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar». De nuevo Francisco denunció la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, resumiendo la tentación en una palabra: «Y Frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación», una actitud que lleva a encerrarse en las «sacristías».

Un buen antídoto es recordar la propia historia, como dijo el Papa quien recordó la figura del primer obispo de Michoacán, en pleno siglo XVI, Vasco Vázquez de Quiroga, y celebró la misa con el cáliz y el báculo pastoral del «español que se hizo indio». Querido por las poblaciones atutóctonas, la figura de Tata («papá») Vasco permaneció ejemplar en su reacción ante las injusticias: «El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta» sintetizó el Pontífice, que hace un año sorprendentemente hizo cardenal a Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia con quien concelebró.

De la pequeña ciudad, en el enlace con una plaza de Guadalajara, el Papa definió a los jóvenes riqueza de México y de la Iglesia, alzando de nuevo la voz contra el tráfico de drogas, denuncia, muchas veces presente en este viaje, de un crimen devastador que, desde los años en Buenos Aires, siempre le preocupó al obispo Bergoglio: «se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos continuamente expuestos a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror».

La denuncia del Pontífice hunde sus raíces en la fe en Jesucristo, porque «Él es quien renueva continuamente en mí la esperanza, es Él quien renueva continuamente mi mirada», el único «que me puede tener bien fuerte de la mano» y levantarnos de las caídas. Como en el alpinismo, donde se vence no por el hecho de permanecer en tierra sino por el hecho de no quedarse en tierra; y es Cristo «el único que te puede agarrar de la mano para que no permanezcas caído» comentó Francisco improvisando y ampliando el discurso que había preparado.

Y espontáneamente es como un nuevo elogio de la familia llegó del Papa a los jóvenes. Ahí es donde, en efecto, «se aprende solidaridad, se aprende a compartir, a discernir, a llevar adelante los problemas unos de otros, a pelearse y a arreglarse, a discutir y a abrazarse, y a besarse». Es la «primera escuela de la Nación», la familia custodia, de hecho, la riqueza que representan los jóvenes, la esperanza traída por Cristo y la dignidad de resistir al mal.

g.m.v

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15 de Septiembre de 2019

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