Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

La cadena perpetua es una pena de muerte oculta

· En el discurso a la asociación internacional de derecho penal el Papa reitera el primado de la vida y de la dignidad de la persona humana ·

Promover una justicia que respete la dignidad y los derechos de la persona humana, sin discriminaciones. Es esta la misión de los juristas lo que el Papa Francisco reafirmó, el jueves 23 de octubre, por la mañana, al recibir en audiencia a una delegación de la asociación internacional de derecho penal. Pena de muerte, prisión, tortura, corrupción son sólo algunos de los temas que el Pontífice afrontó en un largo y claro discurso que se relaciona con la carta escrita en junio pasado en el XIX congreso internacional de dicha asociación.

Tras dos premisas que concierne la incitación a la venganza y el populismo penal cada vez más presente en nuestras sociedades, el obispo de Roma denunció el doble debilitamiento del debate sobre la pena capital y sobre la sustitución de la cárcel con sanciones alternativas. Al reiterar el primado de la vida y la dignidad de la persona humana, el Papa afirmó que «es imposible imaginar que hoy los Estados no puedan disponer de otro medio que no sea la pena capital para defender la vida de otras personas del agresor injusto».

Por eso exhortó «a todos los cristianos y a los hombres de buena voluntad a luchar a favor de la abolición de la pena de muerte, en todas sus formas» –incluso las ocultas– y «mejorar las condiciones penitenciarias». Al respecto definió «la cadena perpetua como una pena de muerte oculta», estigmatizando las «deplorables condiciones de detención que se comprueban en las diversas partes del planeta», obligando a los detenidos a vivir en un estado inhumano y degradante. A este propósito alertó contra la legitimación de la tortura e invitó a evitar las sanciones penales a categorías especialmente vulnerables, entre ellas los niños y los ancianos.

Por último el Pontífice trató algunas formas específicas de criminalidad «que jamás podrían ser cometidas sin la complicidad de las autoridades públicas». Entre estas la trata de personas y el delito de corrupción, definido «un mal más grande que el pecado». Es más, para el Papa Francisco la corrupción es un auténtico «proceso de muerte», porque «hay pocas cosas más difíciles que abrir una brecha en un corazón corrupto».

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

23 de Octubre de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS