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La primera vez

En el saludo a los periodistas durante el vuelo hacia Polonia el Papa afrontó inmediatamente el tema que todos se esperaban: no la inseguridad, sino la guerra, aquella «a trozos» de la cual habló muchas veces. Precisando que tal vez no es «orgánica» pero desde luego sí organizada. Y su pensamiento se dirigió a don Jacques Hamel, a quien definió «santo sacerdote» y contó entre los muchos otros mártires. «Cuántos cristianos, cuántos inocentes, cuántos niños», recordando a todos un gran país africano flagelado por la violencia y a menudo olvidado como Nigeria. Y sobre todo alejando el fantasma nefasto de la «guerra de religión», alimentado ex profeso por quienes siembran el odio: «todas las religiones queremos la paz; la guerra la quieren los demás, ¿entendido?» repitió.

Por primera vez Francisco visita Europa centro-oriental y, tras llegar a Cracovia, dijo estar contento por ese exordio precisamente en la patria de Karol Wojtyła, el predecesor que dio inicio a las Jornadas mundiales de la juventud y quien tanto hizo para que el viejo continente pudiese por fin respirar con sus dos pulmones, oriental y occidental, nutrido por la «civilización común que tiene sus raíces más sólidas en el cristianismo». Y, haciendo referencia al sentido de la historia de Juan Pablo II y al aniversario del bautismo de la nación, no por casualidad el Pontífice quiso elogiar la «memoria buena» que prevaleció en la Iglesia en Polonia.

Dos fueron los hechos positivos del último medio siglo indicados por el Papa: el perdón intercambiado entre los episcopados polaco y alemán veinte años después de la conclusión de la segunda guerra mundial y la declaración conjunta entre la Iglesia católica en Polonia y la ortodoxa rusa. En 1966 el régimen comunista impidió a Pablo VI la visita en tierra polaca por el milenario del bautismo y durante la celebración principal en Częstochowa una imagen de Montini fue colocada en una silla vacía para poner de relieve el impedimento. Pero ya al final del decenio siguiente la elección del arzobispo de Cracovia marcó el inicio de tiempos diversos y luego, con la entrada en el siglo, novo millennio ineunte, abrió el camino a las sucesiones papales de un alemán después del primer polaco, como si se cerrase simbólicamente el conflicto mundial, y luego de un obispo que fueron a buscarlo «casi al fin del mundo».

Hoy es Francisco quien visita Polonia, donde se celebra la Jornada mundial de la juventud, para alentar a la nación y a la Iglesia. Para que predomine, precisamente, la memoria buena y se reflexione sobre la coincidencia de este aniversario del bautismo con el Año santo de la misericordia, corazón del Evangelio recordado por Pablo vi en la conclusión del Concilio, predicado por Juan Pablo II y anunciado por Faustina Kowalska. Sobre esto el Papa llevó a cabo una auténtica meditación durante la misa en Częstochowa, «capital espiritual del país», después de haber dialogado con todo el episcopado reunido en la catedral de Wawel, sede durante casi quince años del arzobispo Wojtyła. Recomendando a los hermanos obispos sobre todo cercanía: a todo el pueblo de Dios y a sus sacerdotes, con una solicitud muy especial.

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15 de Septiembre de 2019

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