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La piedra y los ladrillos

· Misa en Santa Marta ·

Es el Espíritu Santo quien construye la Iglesia y consolida su unidad teniendo como base la piedra angular que es Jesús. Para orientarnos a colaborar en esta construcción, tenemos entre las manos una «plantita» que se llama esperanza. Con una advertencia: para ser fuertes es necesario ser débiles. Son las sugerencias espirituales de san Pablo, que el Papa Francisco volvió a proponer en la misa el viernes 24 de octubre.

La palabra más repetida por el apóstol Pablo en este pasaje de la Carta a los Efesios» (4, 1-6) propuesto por la liturgia es «solos», destacó enseguida el Papa. Ahí se lee: «Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un Dios, Padre de todos». Se repite muchas veces la palabra «solo». Y precisamente en esta perspectiva Pablo escribe expresamente: «Yo el prisionero, os exhorto a construir la unidad de la Iglesia». La exhortación de Pablo, explicó el Papa, está orientada a construir «la Iglesia unida, con un bautismo, una fe, un Señor, un Padre». Y «construir la unidad de la Iglesia es el trabajo de la Iglesia y de todo cristiano en la historia».

En particular, afirmó el Pontífice, cuando «el apóstol Pedro habla de la Iglesia, habla de un templo hecho de piedras vivas que somos nosotros». En concreto, propone «lo contrario de ese otro templo de la soberbia como lo fue la torre de Babel». En efecto, «este templo lleva a la unidad», mientras que el de Babel «es el símbolo de la desunión, de no entendernos, de la diversidad de lenguas».

Por lo tanto, afirmó el Papa, «construir la unidad de la Iglesia, es la tarea de cada cristiano, de cada uno de nosotros». Y «cuando se debe construir un templo, un edificio, se busca una zona edificable preparada para esto». Pero «la primera cosa que se hace es buscar la piedra fundamental: la piedra angular, dice la Biblia». Y «la piedra angular de la Iglesia es Jesús», mientras que «la piedra angular de la unidad de la Iglesia es la oración de Jesús en la última cena: Padre, que sean uno». Precisamente esta «es la fuerza» —dijo el obispo de Roma—, es «la piedra sobre la cual edificamos la unidad de la Iglesia. Sin esta piedra no se puede. No hay unidad sin Jesucristo en la base: es nuestra seguridad».

Pero «¿quién construye esta unidad?», se preguntó el Papa Francisco. Nosotros no, ciertamente, porque —puntualizó— «este es el trabajo del Espíritu Santo: el único capaz de construir la unidad de la Iglesia». Jesús, en efecto, «lo envió para hacer crecer a la Iglesia, para hacerla fuerte, para hacerla una». Es «el Espíritu vivo que todos nosotros tenemos dentro: él hace la unidad de la Iglesia, en la diversidad de los pueblos, de las culturas, de las personas». Precisamente «en esta diversidad Él sabe cómo construir la unidad. P ero sólo Él puede construirla, ninguno de nostros puede hacerlo».

Y el Papa Francisco propuso otra pregunta: «¿Cómo se construye este templo?». Al respecto, el apóstol Pedro «decía que éramos piedras vivas en esta construcción». Pero «aquí el apóstol Pablo», resaltó el Pontífice, «nos aconseja no ser tanto piedras, sino sobre todo ladrillos, débiles». Por consiguiente, «los consejos que da Pablo para ayudar al Espíritu Santo en la construcción de esta unidad son consejos de debilidad, según el pensamiento humano». Y, en efecto, «humildad, dulzura, magnanimidad, son cosas débiles, porque el humilde parece que no sirve para nada; la dulzura, la mansedumbe parecen no servir; la magnanimidad, el estar abierto a todos, tener el corazón grande...». Además, Pablo añade: «sobrellevaos mutuamente con amor», pero «esforzándoos por mantener la unidad»

Y es exactamente «el mismo camino» realizado por Jesús, quien «no retuvo ávidamente el ser igual a Dios: se abajó, se despojó de sí mismo, haciéndose débil, débil, débil hasta la cruz, y se hizo fuerte». El Papa recordó que estamos llamados a hacer «lo mismo: cuanto más somos ladrillos, así con estas virtudes, más seremos útiles al Espíritu Santo para construir la unidad de la Iglesia». Al contrario, «el orgullo, la suficiencia no sirven».

Al final se puede decir —acentuó el Papa— que «es el Espíritu quien lleva a cabo esta construcción, este templo que es la Iglesia viva, sobre la piedra fundamental que es Jesús, que es una; sobre la piedra fundamental que es la oración de Jesús por la unidad».

Pero hay otra cosa que Pablo añade: «un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados». Porque «cuando se lleva a cabo una construcción es necesario que el arquitecto haga los planos». Y «¿cuáles son los planos de la unidad de la Iglesia? La esperanza a la que hemos sido llamados: la esperanza de ir hacia el Señor, la esperanza de vivir en una Iglesia viva, hecha de piedras vivas, con la fuerza del Espíritu Santo». Por eso, «sólo sobre los planos de la esperanza podemos seguir adelante en la unidad de la Iglesia».

El Papa Francisco concluyó recordando que «hemos sido llamados a una gran esperanza»; y exhortó: «dirijámonos allí». Pero hagámoslo «con la fuerza que nos da la oración de Jesús por la unidad y con la docilidad al Espíritu Santo, que es capaz de transformar los ladrillos en piedras vivas».

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