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La paz y la cruz

A «esta tierra donde la explotación, la avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia» el Papa Francisco vino para decir que «hoy puede ser el tiempo de la integración». Tras aterrizar en La Paz, Bolivia, segunda etapa del viaje a América Latina, el Pontífice inmediatamente afrontó uno de los temas que más le preocupan, el de la búsqueda de la unidad entre todas las personas, releyendo a la luz de su encíclica Laudato si’ el preámbulo constitucional de este Estado plurinacional. 

Aquí, en efecto, los indios son la mayoría de la población, el 53 por ciento según estadísticas recientes: de los cuales casi el 30 por ciento es quechua, y el restante 25 por ciento aymara. Muchos abrazaron los modelos «occidentales», otros permanecieron como gente sencilla cuya sabiduría ancestral se basa en pocos pero fundamentales valores: Jani lun thata: «No ser ladrón»; Jani Qaira: «No ser débil». Jani Kari: «No ser mentiroso».

El Papa llegó el miércoles 8 de julio por la tarde, después de tres horas de vuelo, durante las cuales el avión de la línea aérea «Boliviana Aviación», con el que despegó de Quito, atravesó el cielo del Perú. Aterrizó con una hora de retraso según el programa en el aeropuerto de El Alto, uno de los aeropuertos internacionales situados a mayor altitud, ubicado a 4.100 metros sobre el nivel del mar.

Tras recibir el saludo de algunos niños con trajes tradicionales, a quienes llevaba de la mano, se dirigió al podio preparado para la ceremonia de bienvenida, durante la cual se entonaron los respectivos himnos —el boliviano al son de la quena, típica flauta de madera—, siguieron los honores militares y se presentaron las delegaciones. Respondiendo al saludo del presidente Morales el Papa pronunció el primer discurso en tierra boliviana. Al término impartió la bendición y saludó en la lengua local: Jallalla Bolivia!

Durante el traslado, el Papa se detuvo brevemente para bendecir el lugar donde, durante la dictadura, fue encontrado el cuerpo martirizado del jesuita Luis Espinal Camps: era el mes de marzo de 1980, los mismos días en los que en San Salvador asesinaron al arzobispo Romero.

de nuestro enviado Gianluca Biccini

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13 de Noviembre de 2019

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