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La pastoral del oído

· ​Al congreso de la Cei sobre las personas discapacitadas el Papa recomienda la acogida y la escucha de todos ·

La discriminación de las personas con discapacidad mental es algo muy feo y lo es aún más si sucede en una parroquia. Con la colaboración de los laicos, el sacerdote debe acoger y escuchar a todos —no hay excusas para ello— ayudando a cada uno a comprender la fe, el amor y a acercarse a los sacramentos, porque todos pueden conocer a Dios. Lo afirmó el Papa Francisco dialogando con un grupo de discapacitados que el sábado 11 de junio, por la mañana, en el aula Pablo VI, participaron en el congreso promovido por la Conferencia episcopal italiana (Cei).

Dejando a un lado el texto del discurso preparado y respondiendo de forma espontánea a tres preguntas, Francisco invitó a las comunidades cristianas a practicar «la pastoral del oído», poniendo los medios para asegurar una preparación adecuada a los sacramentos con un lenguaje comprensible para cada persona, para que todos tengan la misma posibilidad de recibir los sacramentos. Y recordó que Pío X dio indicaciones para dar la comunión a los niños, haciendo así de una diversidad una igualdad, porque sabía que el niño comprende, tal vez de otra forma: cada uno, afirmó el Papa, tiene un modo diverso de conocer las cosas, pero todos pueden conocer a Dios. Por esta razón, añadió, un párroco no puede rechazar a un discapacitado diciendo que no entiende.

Todos somos distintos, destacó nuevamente Francisco, sin embargo muchas veces tenemos miedo a la diversidad porque representa siempre un desafío. En realidad, sería más cómodo ignorar las diversidades y arreglárselas hipócritamente diciendo «somos todos iguales» y apartando a quien no lo es. En cambio, las diversidades, en comunión, son una riqueza, un desafío que no tiene que asustar, y también el camino para crecer y mejorar. El secreto, concluyó el Pontífice, es poner en común lo que tenemos. Y para expresar esta actitud el gesto más bonito y profundo es precisamente estrechar las manos, expresión de un intercambio recíproco de dones.

El discurso preparado  

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