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La ofrenda de las mujeres

El segundo número de «mujeres iglesia mundo» está dedicado al cuidado. Actividad complicada y femenina que comprende la atención, la asistencia, la solicitud, la preocupación, la educación y el compromiso. Y requiere sentimiento e inteligencia. Para cuidar y preocuparse de los otros no se puede prescindir ni del uno ni de la otra. El cuidado de los cuerpos (y no sólo del espíritu) ha sido desde siempre la tarea y la ofrenda de las religiosas. Pero también es el hilo, el comportamiento y el modo de ser que une a todas las mujeres y que también el feminismo ha reconocido como elemento diferencial con el hombre. «Desgraciadamente —dijo recientemente Benedicto XVI— esta dignidad y misión dadas por Dios a las mujeres no han sido siempre suficientemente comprendidas y estimadas». De hecho, desde siempre muchos han olvidado el cuidado (con el trabajo que este supone), no lo han reconocido y  lo han considerado parte residual del vivir humano. En realidad, es su elemento primero y básico: sin cuidado no hay vida. Cuidar del otro es el nivel más alto de expresión de la humanidad. Y las mujeres son maestras de esto. En la «capacidad del otro» reside el genio femenino evocado por Juan Pablo II.

A sor Anna Bałchan, que desde hace años se ocupa de las mujeres y niños víctimas de la violencia trabajando también en las calles con las víctimas de la trata, está dedicada la entrevista de primera página. Y a las religiosas, que se ocupan del cuidado de los cuerpos de los enfermos en los hospitales, y no solo en estos, nuestra encuesta. Se deben “desmontar” la preocupación y la educación del alma para hacer sitio a la voluntad de Dios: es el corazón del artículo de sor Maria Barbagallo, «una misionera de nuestro tiempo» que ha prodigado sus cuidados entre los pobres y los desheredados del mundo. La santa del mes es Isabel, cuya palabra “autorizada” acogió María que fue a su encuentro.

 

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26 de Febrero de 2020

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