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A la luz de las velas

No había ido nunca antes a Fátima, ni siquera cuando era sacerdote. Llega como Papa. Y como en su estilo, Francisco lo hace como un sencillo peregrino, para unirse a la oración de los cientos de miles de fieles venidos de tantas partes del mundo para rendir homenaje a la «blanca Señora» que hace un siglo aquí, en Cova de Iria, apareció a tres humildes pastores.

A ellos la Virgen entregó su mensaje de conversión y de paz para un mundo devastado por un terrible conflicto, que viviría poco después la tragedia de otra guerra y que hoy está viviendo una tercera, «por partes» según la definición del Pontífice. Por tanto un «viaje un poco especial, un viaje de oración, de encuentro con el Señor y con la santa Madre de Dios» como explicó el viernes antes del habitual saludo personal a los periodistas durante el vuelo hacia Portugal.

La gran explanada del santuario ya desde la mañana se llenó de fieles, a pesar de que la lluvia se paró solo a primera hora de la tarde dejando espacio a un tímido sol. Entonces, con las sombras de la tarde, esa inmensa extensión de velas encendidas que iluminan la noche fue la coronación de una jornada intensa, marca primero por la espera y después por la alegría del encuentro con el Papa. Y la capilla de las apariciones, donde Francisco recita el rosario después de la tradicional bendición de las velas, parece una estrella polar en el firmamento.

de nuestro enviado Gaetano Vallini

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20 de Septiembre de 2019

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