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​La lección de los excluidos

· Durante la visita en Chiapas el Papa denuncia la explotación y el saqueo con daños hacia las poblaciones indígenas mexicanas y a las familiar pide vencer el aislamiento y cerrazón también a costa de fatigas y sacrificios ·

Con su sabiduría y su capacidad de custodiar la creación, las poblaciones indígenas de México tienen «mucho que enseñar a la humanidad». En el corazón de Chiapas, cuna de la civilización y de cultura cuyos valores han sido a menudo pisoteados a lo largo de los siglos, el Papa dio voz al anhelo de libertad de los pueblos: «un anhelo que tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente» dijo durante la misa que celebró el lunes 15 de febrero por la mañana, en San Cristobal de Las Casas, ante decenas de miles de fieles, en su mayoría exponentes de las etnias y comunidades locales.

Denunciando la exclusión y el saqueo sistemático de los recursos en detrimento de las poblaciones autóctonas, el Pontífice invitó a los responsables a «hacer un examen de conciencia» y a encontrar el valor de pedir perdón. «El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita» repitió dirigiéndose a las comunidades indígenas. Su capacidad de «relacionarse armónicamente con la naturaleza, resulta indispensable para afrontar lo que Francisco definió como «una de las mayores crisis ambientales de la historia».

El cuarto día del viaje papal en tierra mexicana tuvo su epílogo alegre en el gran encuentro de oración y de testimonio con las familias en el estadio de Tuxtla Gutiérrez. Impactado por el testimonio de las experiencias vividas de cuatro de ellos, Francisco destacó cómo la familia está siendo debilitada por las «colonizaciones ideológicas que favorecen «el aislamiento» e intentan destruir «la base de la estabilidad de toda sana sociedad». Leyes que tutelan la estabilidad familiar y el compromiso personal hacia los otros son para el Pontífice «un buen binomio para romper la espiral de la precariedad». Y en todo caso, es necesario huir de la tentación de la cerrazón y del «miedo a amar» que a menudo paralizan la vida de las familias. Heridas, cicatrices, arrugas –aseguró el Papa– «son fruto de la fidelidad de un amor que no siempre les fue fácil» sino que es lo «más lindo que un hombre y una mujer se pueden dar entre sí».

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17 de Septiembre de 2019

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