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La invención de una poética teologal

· En la búsqueda teologal de Giovanni Battista Montini ·

Reproducimos las consideraciones finales de uno de los ensayos publicados en el libro «Paolo VI. Un ritratto spirituale» (de Claudio Stercal, Roma, Studium, 2016, pagine 415, euro 28).

La verdadera novedad de la intervención espiritual de Pablo VI no está en primer lugar en el mensaje que anima a retomar el compromiso cristiano con el arte, para aumentar y favorecer el acceso y la comunicación de la fe. La novedad reside esencialmente en la experimentación lingüística de un pensar poético de la verdad de la fe, que devuelve a su transparencia la res de la fe, desencallando elegantemente de las ataduras sofocantes de una vaga jerga metafísica, que deja entender la costumbre a la palabra ya no pensada ya no viva de una mera comunicación intra-eclesial. Giovanni Battista Montini-Pablo VI, como espero haber podido hacer traslucir, al menos indicativamente, produce el ejercicio hermenéutico del dogma de la fe, haciendo levitar la elocuencia con la fuerza innovadora de la iluminación metafórica, de la incidencia existencial, de la resonancia cultural recibible.

Lo hace con gran cuidado por conservar intacta la regla de la fe y al mismo tiempo la reconduce a la esencia de su contenido, mostrando eficazmente que ese contenido no se deja sustituir por la forma doctrinal: es decir, que la verdad de la cosa de Dios es capaz de tocarnos el alma, más allá de la fórmula. En el performativo poético de la prosa teologal de Montini no existe la inercia de una lengua eclesiástica automática: que se predica, por así decir, sóla (uno de los defectos más implacables de la predicación más corriente). No hay ningún «aventurismo» de la fórmula y del significado innovador , que desenvueltamente aleja la relación con la tradición. Pablo VI separa el alma objetivo del dogma católico y la hace habitable para el alma del interlocutor. El creyente renueva la agradecida maravilla de la revelación, que reconforta nuestra fe; el no creyente intuye la originalidad de la visión de las cosas que la esa enciende.

Es esto que pretendo cuando hablo de la invención de una poética teologal de la fe, in actu exercito, que también se pronuncia normalmente en prosa sapiencial del alma. La novedad espiritual está en por el lado del gesto teologal, más que por el lado de la retórica discursiva. Por último me permito, e este respecto, con licencia del lector, una conjetura personal. La extracción de este frecuente y profundo cuidado del pensamiento, que tiene como objetivo que adhiera la poética y la cosa de la fe, está radicado en la espiritualidad del hombre y del creyente (Montini fue telólogo de profesión, fue un protagonista genial del pensar teologal), hasta el punto de hacer imaginar que este haya sido uno de los dones principales que él sentía deber ofrecer a la Iglesia. Con la esperanza de que la Iglesia –como dice en el Pensamiento sobre la muerte– se diese cuenta. No creo en absoluto que fuese un hombre «hamlético» dudoso, angustiado o inseguro, como una maligna narración, en parte ideológica en parte eclesiástica, se ha regocijado en subrayar.

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24 de Abril de 2019

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