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La fuerza de la memoria

Segunda etapa del itinerario báltico del Papa, la breve visita en Letonia, desde Riga al santuario mariano de Aglona, estuvo precedida por la de Lituania, el país de la región donde los católicos son más numerosos. Dos días transcurridos bajo el signo de la memoria y de su fuerza, necesarias para construir el futuro que Bergoglio imploró en los encuentros en Vilna y en Kaunas. Afirmando que solamente recordando el pasado, también el doloroso, se puede extraer la enseñanza necesaria para el presente. En el centenario de la independencia de los tres países bálticos, el trasfondo que, de hecho, volvió más veces en las intervenciones y en los gestos del Pontífice, fue el de la ocupación nazi durante casi toda la segunda guerra mundial y después la soviética.

Fruto de «ideologías totalitarias que quebraron la capacidad de albergar y armonizar las diferencias sembrando violencia y desconfianza», dijo el Papa en el primer discurso en Vilna.

Así, «sacar fuerza del pasado», como canta el himno lituano, significa recuperar las raíces que permitieron «no sucumbir como nación», dijo Francisco, que las identificó en la hospitalidad y en la solidaridad.

Raíces fundamentales en el contexto de hoy: y no solo en el báltico, que puede «convertirse en puente de unión entre el oriente y el occidente europeo» sino en el conjunto del «escenario mundial» y en particular en una Unión Europea que parece, a menudo, haber olvidado las razones más profundas y más nobles del proceso del que nació después de las ruinas de la guerra.

La memoria de aquellos años terribles y del periodo sucesivo fue evocada no solo por las palabras sino también por los gestos del Papa. «Lituania entera lo puede testimoniar con un escalofrío ante la sola mención de Siberia, o los guetos», dijo en Kaunas el Pontífice antes de rendir homenaje a las víctimas de los indecibles horrores una vez de vuelta en Vilna.

Aquí, de hecho, se detuvo y rezó frente al pequeño cipo que recuerda el aniquilamiento del gueto de la ciudad, conocida en el mundo judío como «la Jerusalén del norte» y después en el Museo de la ocupación y de la lucha por la libertad.

En este lugar siniestro y angustiante, donde se sucedieron las policías secretas nazi y después soviética, Francisco apareció profundamente afectado y conmovido. Aquí honró la memoria de los mártires, entre ellos obispos y sacerdotes católicos, para después detenerse durante un largo tiempo en silencio frente al monumento que recuerda a «las víctimas de la ocupación soviética», presentes algunas decenas de supervivientes.

Y aquí, después, de centenares de voces se elevó un canto vehemente que en aquellos años sustituyó al himno nacional.

Otros cantos muy hermosos, y compuestos en buena parte en latín, sostuvieron el encuentro ecuménico en la catedral luterana de Riga, poco después del encuentro con las autoridades y la sociedad civil que introdujo la visita en Letonia.

En el gran y solemne edificio gótico, antiguamente católico, el Papa, acompañado por el arzobispo luterano, veneró la tumba de san Meinardo, el primer obispo de los países bálticos, y después elogió el ecumenismo «vivo» y misionero, para que «la música del evangelio no deje de sonar en nuestras plazas».

g.m.v

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17 de Octubre de 2018

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