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La esperanza nace de la cruz

· Dedicada al triduo pascual la audiencia general del Pontífice ·

«El amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza». Lo repitió varias veces el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 12 de abril, elogiando en particular a las madres que cuando dan a luz una vida sufren, pero después están alegres, felices.

En la vigilia de triduo pascual, el Pontífice comentó para los fieles presentes en la plaza San Pedro el pasaje del Evangelio de Juan (12, 24-25) en el que se contraponen las esperanzas del mundo y la esperanza de la cruz. «Las esperanzas terrenas caen delante de la cruz — afirmó al respecto —pero renacen esperanzas nuevas» que «duran para siempre». Esa que surge de la cruz, de hecho, es «una esperanza diferente de las que caen, de las del mundo».

¿De qué esperanza se trata? Para explicarlo, el Papa recurrió a la imagen del grano de trigo tirado en la tierra. Jesús, de hecho, « ha llevado al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho como la semilla: se ha hecho pequeño pequeño, como un grano de trigo; ha dejado su gloria celeste para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”». Y precisamente como una semilla se ha dejado «romper por la muerte» antes de brotar.

He aquí porque «en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza»; he aquí porque «con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza». Por tanto, cuando «elegimos la esperanza de Jesús — subrayó Francisco — poco a poco descubrimos que la forma de vivir vencedora es la de la semilla, la del amor humilde».

Cierto, a primera vista puede parecer «una lógica perdedora». Y de hecho «quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo». Y también, aclaró el Pontífice, «la lógica de la semilla que muere, del amor humilde, es el camino de Dios, y solo esta da fruto». Por otro lado, «quien es voraz no está nunca saciado», porque busca tener mucho pero al final pierde todo, incluida la vida. «Quien ama lo propio y vive por sus intereses — repitió —se hincha solo de sí mismo y pierde. Quien sin embargo acepta, está disponible y sirve, vive a la forma de Dios: entonces es vencedor, se salva a sí mismo y a los otros: se convierte en semilla de esperanza para el mundo».

El ejemplo más elocuente viene de las madres, que para dar la vida al propio hijo aceptan sufrir pero al final son felices. Así es el amor, que «da a luz la vida y da incluso sentido al dolor», se convierte en «el motor que hace ir adelante nuestra esperanza».

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13 de Diciembre de 2017

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