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​La denuncia de la doctora Pranay Sinha

Pranay Sinha, médica que cursa el primer año de especialización en Yale, escribió un artículo muy valiente en el New York Time, después de que en el lapso de quince días dos inscriptos en un curso de especialización se suicidaron en dicha ciudad estadounidense. Estos episodios, los últimos de una larga serie, impulsaron a la joven a dar un rostro a un drama difundido, pero absolutamente descuidado, que afecta en gran parte a las mujeres. "Las estadísticas sobre suicidios de médicos son espeluznantes. Las cifras confirman que el porcentaje de suicidios de médicos es el doble que el de los no médicos, y el de las médicas triplica el de sus compañeros médicos". Y más adelante comenta: "Al comienzo de su carrera, los médicos son particularmente vulnerables: un estudio reciente demuestra que el 9, 4 por ciento de los alumnos de cuarto año de medicina tuvieron pensamientos suicidas en las dos semanas anteriores a dicho estudio". La depresión que parece afectar a la clase médica estadounidense no es imputable exclusivamente al estrés, al aislamiento social, al abuso de estupefacientes o a la predisposición al malestar mental, aspectos que la clase médica comparte con gran parte de la población adulta occidental. Al contrario, en el caso de los médicos hay algo más. Ante todo, Sinha habla de una extraña forma de machismo que impregna la clase médica en su conjunto: infalibilidad, omnipotencia, ausencia de dudas. A esto se añade otro elemento: sin ningún apoyo o preparación real sobre el terreno, quien se está especializando debe atender como mínimo a diez pacientes, disimulando delante de ellos, de los compañeros y los superiores, su enorme sentido de inadecuación. Sin embargo, bastaría poco para cambiar ambas situaciones, que parecerían contradictorias, pero que en realidad se combinan de modo tergiversado. "Debemos poder manifestar dudas y miedos. Debemos poder hablar de la profunda tristeza que sentimos cuando firmamos nuestro primer certificado de muerte, de la mortificación que nos causa la primera receta equivocada que firmamos, y la dificultad de no saber dar respuesta a una pregunta a la que cualquier estudiante de medicina sabría responder. Una cultura médica que nos alentara a compartir nuestra vulnerabilidad, podría hacernos ver que no estamos solos". Todo esto, concluye Sinha, "gcontribuiría a que fuéramos mejores médicos"

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23 de Febrero de 2020

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