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La confesión espacio de libertad

· Abierto el curso promovido por la Penintenciaría apostólica ·

La confesión sacramental se puede «definir como un “espacio de libertad”, quizá es el único verdadero espacio de auténtica libertad donado al hombre». Lo subrayó el cardenal Mauro Piacenza en la lectio magistralis sobre «La confesión y el discernimiento vocacional» que abrió el 29º curso sobre el fuero interno promovido por la Penitenciaría apostólica, que se celebra en el palacio romano de la Cancillería del 5 al 9 de marzo.

La libertad, explicó el penitenciario mayor, no es “ausencia de vínculos” o «de condicionamientos, sino que es certeza de una pertenencia: es la certeza de ser amados incondicionalmente». De hecho, no existe «otro lugar, sobre la tierra, como la reconciliación sacramental, en el cual sea posible hacer una experiencia análoga»: la de no solo ser «amados incondicionalmente, no obstante el propio pecado», sino también de «ver destruido el propio pecado y ser amados de forma plena, de forma infinita». El hombre realmente libre es «el hombre amado, el hombre que entra en relación con el infinito, el hombre que reza». En este horizonte «madura la escucha de la voluntad de Dios sobre la vocación y la elección de adherirse o no».

El confesor está llamado a unificarse con la actitud de Cristo. Está llamado, es decir, «a amar la libertad del penitente, a respetarla, también cuando las elecciones que él realiza no aparezcan como razonables ni proporcionadas con los dones recibidos y el camino realizado». El confesor podrá solo «continuar, fielmente, indicando la meta, anunciando la verdad, sosteniendo, sobre todo con la oración y la penitencia, y después con cualquier otro medio útil y oportuno, las elecciones del penitente». Pero no podrán, «y no deberá nunca, reemplazarlos».

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12 de Diciembre de 2018

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