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La casa del Papa

Viviendo durante más de treinta años en la curia romana, Montini conocía como ninguno historia, naturaleza, insuficiencias, potencialidades. No fue por tanto casualidad que el 21 de septiembre de 1963, exactamente tres meses después de su elección en cónclave, el nuevo Papa quiso reunirse con los curiales, anunciando delante de ellos una reforma radical que se realizaría en los años sucesivos.

En primer lugar con la constitución apostólica Regimini ecclesiae universae del 15 de agosto de 1967 y por tanto con tres decisiones del impacto más inmediatamente perceptible por la opinión pública: la supresión de la corte pontificia con el motu proprio Pontificalis domus del 28 de marzo de 1968, la disolución de los cuerpos armados decidida el 14 de septiembre de 1970, coincidiendo con el centenario del final del poder temporal, y la exclusión de los cardenales mayores de 80 años del electorado activo en cónclave y las cargas curiales con el motu proprio Ingravescentem aetatem del 21 de noviembre de 1970, que anticipó en cinco años la reforma completa de la elección papal.

Fuerte por la experiencia personal acumulada «desde un punto de observación privilegiado, la Secretaría de Estado, la buena y querida y fiel oficina que asiste al Papa en su actividad personal», Pablo VI subrayó la «tradición coherente y flexible» de la que había derivado la composición de la curia y afirmó que es precisamente la «relación esencial de la curia romana con el ejercicio de la actividad apostólica del Papa la justificación, es más, la gloria de la curia misma».

Añadiendo que «debemos acoger las críticas que nos rodean con humildad, con reflexión, y también con reconocimiento» y mencionando la «necesidad de simplificarse y descentralizarse y el de expandirse y habilitarse a nuevas funciones», Montini enunció el motivo esencial de la reforma ideada de la curia, y es decir «su vocación a la ejemplaridad, de cara a la Iglesia entera y al mundo profano». Porque «cada momento, cada aspecto de nuestra vida tiene alrededor de nosotros una irradiación, que puede ser benéfica, si es fiel a lo que Cristo quiere de nosotros; maléfica, si es infiel», recordó el Pontífice.

Pasado el segundo periodo del concilio, el 14 de enero de 1964, Pablo VI se reunió con el patriciado y la nobleza romana. Fue esta una de las últimas audiencia a la aristocracia unida al papado: Montini se presentó con sencillez ya no como «el soberano temporal» y dijo: «Ya no somos para vosotros el de ayer», y esto porque «la Historia sigue su curso» y el Papa «ni puede ni debe ya ejercer más que el poder de sus llaves espirituales». Por eso «nos encontramos ahora con las manos vacías; ni podemos concederos los oficios, beneficios, privilegios, ni galardones que puede dar un estado temporal, ni tampoco tenemos posibilidad de acoger vuestros servicios inherentes a una administración civil» concluyó.

Son estas las premisas del motu proprio con el cual Pablo VI hace cincuenta años transformó la obsoleta corte pontificia en casa del papa, ya desde Pío XI familiarmente llamada «casa del padre». Se suprimían así cargos y denominaciones que nos reflejaban más «una visión realista de las cosas», para subrayar sin embargo «la misión esencialmente espiritual del Romano Pontífice». Según un proceso de simplificación y esencialidad hoy desarrollado por Francisco.

g.m.v.

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