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Jubileo de la Iglesia en Vietnam

· El cardenal Dias, enviado del Papa ·

«El Papa ama a Vietnam y al pueblo vietnamita». El cardenal Ivan Dias, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, enviado especial del Papa a las celebraciones conclusivas del año jubilar de la Iglesia católica vietnamita, transmitió a toda la población del país del sudeste asiático el mensaje afectuoso que le había encomendado Benedicto XVI. En realidad, se trataba de un doble jubileo: 350 años de la erección de los primeros dos vicariatos apostólicos —Dàng Tromg y Dàng Ngoài— y 50 años de la constitución de la jerarquía católica.

El año jubilar, inaugurado el 24 de noviembre de 2009 en So Kien, archidiócesis de Hanoi, concluyó el pasado 6 de enero, solemnidad de la Epifanía, con una misa solemne presidida por el cardenal Dias en el santuario mariano de La Vang, lugar muy querido para la piedad popular vietnamita. Según la tradición, la Virgen se apareció en ese lugar en 1798 para consolar a los cristianos que habían escapado de las persecuciones.

Recordando ese episodio, el cardenal citó las palabras que en aquella ocasión la Virgen habría dirigido a los refugiados: «Tened confianza, soportad penas y dolores. Ya he escuchado vuestras súplicas. A partir de este momento, todos los que vengan aquí a rezar verán cumplidos sus deseos». «Hoy —añadió el purpurado— encomiendo a toda la querida nación vietnamita al Corazón Inmaculado de nuestra Señora de La Vang, y ruego con vosotros para obtener la prosperidad material y espiritual de todo el pueblo vietnamita».

El cardenal repasó luego las etapas del camino de evangelización del país, recordando «con profunda gratitud a todos los que han contribuido a la edificación y al desarrollo de esta Iglesia con la entrega de su vida, su sudor y su sangre». Al mismo tiempo, invitó a un examen de conciencia para tratar de comprender «cómo se puede vivir mejor la fe y cumplir mejor el mandato que hemos recibido de nuestro Señor de difundir el mensaje cristiano de salvación». En Vietnam el 94% de la población aún no conoce el Evangelio. De ahí el deseo de que los católicos del país sean capaces de redescubrir la importancia del camino evangélico, de manera que cada uno se transforme en misionero. De este modo se expresa «la naturaleza de la Iglesia», testimoniando «la vida de oración personal» que debe alimentarse continuamente de la participación en los sacramentos, sin descuidar la importancia de la «meditación de la Palabra, la santidad de la caridad, la necesidad de una promoción integral del hombre y la urgencia de la educación de la juventud, de la inculturación y de la evangelización». Por último, el purpurado encomendó la misión de la Iglesia en Vietnam a la Virgen de La Vang. Según datos oficiosos, en la celebración participaron alrededor de quinientos mil fieles.

La víspera, 5 de enero, el cardenal Dias había presidido un encuentro celebrativo organizado por los obispos del país en el mismo santuario. Estuvieron presentes el viceprimer ministro de la República socialista de Vietnam y muchas otras personalidades religiosas y civiles. Se trató de una circunstancia excepcional que el purpurado subrayó como signo de buen auspicio para el futuro. «Esta participación —explicó— testimonia la estima y el reconocimiento de los valores que la comunidad católica profesa en esta nación. Creo que se garantizará la plena libertad religiosa, creando condiciones favorables para las diversas organizaciones religiosas así como para cuantos profesan y practican públicamente su fe, sea cual sea su credo». Y añadió: «Me agrada pensar en la Iglesia y el Estado como madre y padre de una familia. Cuando viven en armonía, sus hijos e hijas son más felices. Quiera Dios que también sea así entre la Iglesia y el Estado aquí en Vietnam».

Recordando el testimonio dado por «numerosos y generosos misioneros que han traído el Evangelio a tierra vietnamita», el cardenal Dias mencionó con gratitud al fallecido cardenal François Xavier Nguyên Van Thuân, «cuya causa de beatificación se ha introducido recientemente en Roma».

El viernes 7 de enero, antes de su regreso a Roma, el cardenal Dias, aceptando la invitación del arzobispo de Hanoi, Pierre Nguyên Vân Nhon, celebró en la catedral una misa por los 117 santos mártires de Vietnam. En su homilía, el purpurado transmitió a los prelados presentes el saludo del Papa y la seguridad de su benevolencia y su cercanía en la oración. También aprovechó esa ocasión para saludar al ex pastor de dicha archidiócesis, el arzobispo Joseph Ngô Quang Kiêt, cuya voluntad de dejar el gobierno pastoral «por libre elección» y «para dedicarse a la vida de oración» fue aceptada «con respeto —precisó— por el Santo Padre».

Finalmente, refiriéndose a la fiesta litúrgica de san Andrés Dung Lac, uno de los compañeros mártires, el prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos propuso nuevamente «sus dos enseñanzas»: la acogida reservada en la ciudad a los no cristianos inmigrantes en busca de trabajo y el cumplimiento del deber que Dios ha establecido para cada uno de sus hijos, enseñanzas que se han de llevar a la práctica en los respectivos ámbitos de vida. Esta invitación —recalcó el purpurado— se dirige a cada uno de nosotros, que estamos llamados «a cumplir perfectamente nuestro deber de ciudadanos y de cristianos, sin miedo a testimoniar nuestro amor y nuestra fidelidad a Cristo y a su Evangelio hasta la entrega de nuestra propia vida».

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