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Juana de Arco, hija de Dios

· La santa del mes contada por Sylvie Barnay ·

Contemporánea al nacimiento de la nación francesa en el siglo XV, Juana es por encima de todo el paradigma de ello, reactivado en las mentalidades colectivas de los siglos XIX y XX, después de siglos de casi un total olvido. Este regreso está vinculado sobre todo al lugar dado en el Medievo al inicio de la Tercera República, para legitimar las luchas políticas y religiosas. Entonces, a partir de 1870, la vida de Juana se vuelve el reflejo de este juego político, después de que el movimiento romántico hubiera hecho de ella una de sus figuras míticas, que saben encarnar el alma del pueblo.

De esta manera, los católicos reconocen en Juana a «la primogénita de la Iglesia», promotora de las «grandes empresas de Dios por medio de los francos», las Gesta Dei per Francos , mientras los nacionalistas hacen de Juana de Arco la hija del pueblo, difundiendo una leyenda —debida a Michelet en 1841— que la convierte en hermana de la Marianne revolucionaria.

El destino de Juana está ya vinculado a estas dos divisiones de la historia, sustituidas enseguida al día siguiente por un tercer arquetipo de la primera guerra mundial: «la santa de la patria». La expresión también esta forjada por Michelet —«Sí, según la religión, según la patria, Juana de Arco fue una santa»— constituye una mezcla entre la herencia católica y una forma de mesianismo nacional apoyado por la nueva derecha. De este modo, el año 1920 ve al parlamento francés dedicar el 8 de mayo al recuerdo nacional de la heroína, mientras Roma la canoniza después de haberla proclamado venerable en 1894 y beata en 1909. La inspirada pastorcilla está codo con codo con la guerrera intrépida en las iglesias como en los monumentos a los franceses caídos.

El movimiento nacionalista francés construye un vínculo entre «Viva Juana de Arco» y «Abajo los judíos» y la santa de la patria no sale más de la ronda de la derecha nacionalista, más allá de las fiestas oficiales. Por su parte, la Iglesia intenta defenderla por estos intentos de apropiación: ¡en la vulgata clerical es sin duda la figura de la pastorcilla santa Juana la que prevalece!

Juana, instrumentalizada por la ideología del Estado francés de Vichy y por los defensores más extremistas del colaboracionismo que la erigen en buena campesina de Francia, es invocada continuamente también por la Resistencia y la Francia libre.

De los tres modelos forjados a caballo entre los siglos XIX y XX, es el arquetipo nacionalista el que permanece vivo, en los decenios de la guerra de Indochina, de la guerra de Argelia y del floreciente nacionalismo de los años ochenta del siglo pasado.

Paradigma de la nación francesa, antes de todo la Juana del siglo XV es en realidad una hija de campesinos acomodados de la marca de Lorena que encuentra al delfín Carlos en la primavera de 1429, mientras se desata la guerra civil que opone este último a los invasores ingleses y a sus aliados borgoñones.

Dios, dice Juana, la envía para liberar a Orleans, coronar al príncipe y “echar” a los ingleses de Francia. Auxilio inesperado que l’entourage real decide aceptar, confiándole las tropas que el 8 de mayo liberan Orleans. La campaña de Loira después está marcada por una serie de victorias que hacen posible la coronación en Reims el 16 de julio. Sin embargo, la joven mujer es capturada delante de Compiègne a finales de mayo de 1430 y entregada a los ingleses. Comienza entonces un largo proceso de inquisición que la lleva a la hoguera el 31 de mayo de 1431 por herejía. Este primer proceso es seguido por un segundo proceso de nulidad que se concluye en 1456, que debe probar que el muy cristiano rey, que se sienta de nuevo en Ruan, no ha recibido el auxilio de una hereje.

Juana no es sólo un acontecimiento biográfico: ha dado lugar a un sentido abierto capaz de producir innumerables versiones. Entre los siglos XV y XX, todas las versiones imaginadas se han apropiado de esa vida para desarrollarla o modificarla en su propio beneficio.

¿Doncella? La joven virgen vestida de hombre no cesa de interesarse por qué se libra del destino habitualmente reservado a las mujeres (matrimonio, hijos, exclusión de la política). ¿Profeta? El esquema bíblico es utilizado a partir del siglo XV por los contemporáneos de Juana. Estos la transforman entonces en una pastorcilla para las necesidades de la propia lectura —siendo un verdadero profeta por naturaleza un pastor al cual Dios ha confiado la misión de hablar en su nombre— o también la asimilan a un falso profeta para hacerla subir a la hoguera... Pero los documentos históricos revelan que el único apelativo que las voces divinas dan a Juana de Arco es aquel de «hija de Dios».

La novedad del siglo XV parece ser precisamente el hecho de que un apelativo parecido identifica a una mujer con Cristo. La historiadora Colette Beaune ha mostrado en particular que es este el apelativo en definitiva que causa su caída, precisamente del mismo modo que en los Evangelios es el nombre de «hijo de Dios» el que conduce a Jesús a la Cruz.

Profesora en la universidad de Lorena, Sylvie Barnay es autora de diversas monografías. Entre otras, recordamos Le Ciel sur la Terre. Les apparitions de la Vierge au Moyen Âge (Paris, Cerf, 1999), La Vierge, femme au visage divin (Paris, Gallimard, «Découvertes», 2000), Les saints, des êtres de chair et de ciel (Paris, Gallimard, «Découvertes», 2004) y La parole habitée. Les grandes voix du prophétisme , (Paris, Points Sagesse, 2012).

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