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Jamás equivoca la fecha de mi cumpleaños

Experimentar. Ciertamente, esto por sí solo no constituye una terapia, pero es un buen comienzo. Ponerse en el lugar del otro. Este es el pensamiento, el hilo conductor que une a Alicia B., Liliana y Alicia O. con el Papa Francisco. Tratar de vivir intensamente la realidad de la persona pobre, humillada y asustada. ¿Es imposible? No, se puede hacer.

Así hizo Alicia Barrios cuando, en menos de veinticuatro horas, cambió su vida y comenzó su peregrinación con el padre Jorge por lugares difíciles: en las cárceles de Buenos Aires, en los barrios pobres, en el hospital psiquiátrico Borda, la última frontera del malestar mental en el país sudamericano.

Alicia es un conocida periodista argentina, una especie de Oprah Winfrey de la radio y la televisión locales. Bien parecida, rica, con una carrera bajo los reflectores, el 25 de diciembre de 1998 se encontró por primera vez con el arzobispo de Buenos Aires. Alicia Barrios se quedó sorprendida por su visión de la situación en la Argentina y en el mundo, por la idea del papel y del futuro de la Iglesia, por la actitud y el lenguaje sumamente sencillos que caracterizaban a Jorge Mario Bergoglio.

Y así, paso a paso, etapa tras etapa, compartió en el arco de quince años como “periodista peregrina” un recorrido dentro de las plagas del dolor en las “periferias existenciales”, palpando el malestar. Esforzándose por contar y presentar los hechos de manera diferente. “El periodista es como el sacerdote –afirma Alicia–: debe escuchar la llamada, la vocación, sentir la misión”.

Jorge Mario Bergoglio, prosigue la mujer, “es una persona con gran sentido del humor y sigue teniéndolo como Pontífice. Es un hombre manso, sobrio, muy a la mano. En verdad es así. Una persona directa, acostumbrada a no usar muchos filtros que se interponen entre él y la gente. Personalmente, cuando me reúno con él, siento que me encuentro con la misma persona que conocí hace años: con esa coherencia entre fe y vida y también con gran sensibilidad y capacidad de escucha. Era un cardenal que vivía como sacerdote, y ahora es un Papa que vive como sacerdote. Seguramente, su mirada sobre la realidad sigue siendo la misma. Pero, como dijo también mi amigo sacerdote, el padre Pepe, lo noté rejuvenecido. Esto es más que evidente, porque tiene una energía, una fuerza, que es precisamente el motivo de la admiración que suscita en todos nosotros”.

Y una cosa está clara, prosigue Alicia Barrios, “que esta energía que caracteriza a Bergoglio no es fruto de un esfuerzo o del entusiasmo por su elección, sino que es fruto de la paz, de la paz del corazón. Este es el aspecto que transmite inmediatamente. Es evidente que la ternura de Jesús envuelve su corazón y lo lleva en brazos, y él solo quiere decirle esto al mundo”.

Liliana, en cambio, es la amiga “cartonera” del Papa Francisco. Tiene 58 años y percibe una pensión social mínima. El dinero no le basta. Precisamente de noche recoge cartón: en la Argentina son los pobres de los pobres, los que para vivir venden a la mañana siguiente los embalajes de cartón abandonados junto al cubo de basura. “Lo hago –explica– por mi hijo y por mis nietos. Quizá la Virgen me ayude a encontrarles un trabajo a todos”.

Bergoglio es el Papa de los “cartoneros”. La lucha por el reconocimiento de sus derechos es una de las luchas históricas llevadas adelante por los grupos de la asociación situada en el barrio Parque Avellaneda, en la parte sudeste de la ciudad, uno de los más populares de Buenos Aires. Liliana recuerda que el Papa Francisco, en la época en que era arzobispo, los acompañó activamente en muchas de las iniciativas tomadas en favor de la inclusión social de los “cartoneros” y del reconocimiento jurídico de su trabajo.

“Jorge Mario Bergoglio es una persona que lucha por los pobres y vive como los pobres; nos hicimos amigos en ese período. Tiene una memoria increíble –cuenta Liliana, cuyo tono de voz no esconde la estima que siente por él–: jamás equivoca la fecha de mi cumpleaños. Nunca tuvo un coche o una escolta, come por la calle y siempre vivió coherentemente con lo que piensa y dice. Jorge hizo de la defensa de nosotros, los pobres, su razón de vida”, concluye.

También está Alicia Oliveira, que conoce al Papa Francisco desde más de cuarenta años, y llegó a ser en 1973 la primera jueza del foro penal argentino. Tres años después se produjo el golpe militar, y la jovencísima Oliveira fue echada de su cargo y perseguida por los militares.

“Me encontré en una situación de paro forzoso. Después de que me echaron, Bergoglio me envió un espléndido ramo de rosas. Nos veíamos dos veces por semana. Él acompañaba a los sacerdotes; me informaba siempre sobre lo que estaba sucediendo”. Alicia cuenta una historia relacionada con aquellos años violentos. “Cuando alguien tenía que irse del país porque no podía permanecer un minuto más, se lo despedía con un almuerzo. Y él asistía siempre”.

Con frecuencia Alicia Oliveira habla por teléfono con el Papa. Se siente emocionada de tener “un amigo” tan importante, y recuerda cuando celebró el matrimonio de su hermana. Es una mujer comprometida políticamente, muy moderna. Tiene alrededor de 60 años y cuatro hijos, estuvo casada y se considera progresista. El sentido de la justicia ha sido siempre el motor de su vida. “Cuando pienso en Bergoglio, admiro y comparto profundamente una cosa del hombre –dice Alicia–: la convicción de que las certezas absolutas son el refugio de quien tiene miedo, y quien se refugia en el fundamentalismo es una persona que tiene miedo de ponerse en camino para buscar la verdad”.

Ellas son las amigas de siempre del Papa, muy diferentes entre sí, pero muy semejantes a muchas otras mujeres.

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17 de Febrero de 2020

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