Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Intelectual colectivo

· Entrevista a Dominique Quinio, primera mujer en dirigir un diario en Francia ·

“Un diario como el nuestro es un colectivo. Más aún, es un ‘intelectual colectivo’, maravillosa expresión que heredé de Alain Rémond, autor del billet en la última página de ‘La Croix’, y que comparto totalmente. No somos un grupo de individuos muy dotados intelectualmente, sino más bien, un conjunto que construye algo”. Se siente segura Dominique Quinio, primera mujer en dirigir el diario católico francés “La Croix”, función que cumple desde hace ocho años.

¿Nos presenta su diario?

Nuestros lectores consideran el diario en su conjunto, y su historia con “La Croix” va más allá de los últimos ocho años. Se trata de una vieja relación de fidelidad, desde 1975. Porque mi carrera la hice sobre todo en “La Croix”, y la riqueza de esta relación de fidelidad y de descubrimientos es que, como cualquier otra relación, se desarrolla a lo largo de los años y con las funciones que se ejercen cuando se está al comienzo de la carrera, cuando se es un elemento entre los demás, y también cuando se asumen responsabilidades. Sé que “La Croix” existía mucho antes que yo y sé también que seguirá existiendo después de mí.

Naturalmente, cuando se dirige un diario y es necesario escribir muchos de sus editoriales, desde fuera a una la identifican inevitablemente con él, quizá mucho más que a los otros periodistas. Pero yo soy solo “una” en una cadena. Mi trabajo consiste precisamente en pasar el testigo y en mover a esta “anciana señora” ultracentenaria (“La Croix” existe desde hace ciento treinta años), aprovechar las nuevas oportunidades, incluyendo las técnicas (internet), y captar el desarrollo de la sociedad y de la Iglesia. Significa ser transbordadora de una generación a otra.

Leyendo La Croix se percibe una gran atención por la calidad de la relación entre los lectores y el diario.

Sí, y es algo formidable. La presencia del Courrier des Lecteurs (Cartas al director) es fundamental para la riqueza del diario y para comprender lo que debemos hacer: captar el desarrollo del pensamiento es indispensable. Dirijo personalmente, junto con un equipo, el Courrier des Lecteurs porque lo considero un elemento fundamental, por una parte, para detectar la satisfacción o la incomprensión respecto a las cosas que hemos hecho, y por otra, para ver cuáles son los argumentos que preocupan a los lectores. Pero los lectores no siempre tienen razón. Está claro que también hay que hacer una elección consciente entre lo que es importante y lo que no lo es. No debemos plegarnos por fuerza a una especie de consenso de los lectores, sino que es importante escuchar su voz porque en la Iglesia católica no hay muchos espacios de debate público donde pueda desarrollarse una especie de opinión pública. Me siento muy orgullosa porque aquí, entre nosotros, existe este espacio de expresión.

¿Qué tipo de diario es este?

“La Croix” es un diario de ideas, no un diario partidario. Podemos afirmar lo que creemos, o expresar un juicio, por ejemplo sobre un cambio social y, sin embargo, respetar a las personas que no piensan del mismo modo. Tratamos de proporcionar los elementos para comprender una situación, para hacer hablar a la gente que puede estar marginada en la sociedad o en la Iglesia, y para mantener la calma en medio de las tormentas, en las que las divergencias a veces son muy fuertes. Procuramos ser un fermento de paz y no un lugar de recrudecimiento de los conflictos. Queremos construir puentes y ser mediadores entre la Iglesia y la sociedad, entre los mismos cristianos, entre los cristianos, los demás creyentes y cuantos no creen. Nuestro espacio es un espacio de diálogo que presupone firmeza en la propia identidad: somos un diario católico que pertenece a una congregación religiosa y, por tanto, nuestra referencia son los valores del Evangelio, lo cual no nos impide en absoluto estar atentos a lo que se vive en otros lugares. Sabemos que no solo nuestros lectores acogen lo que escribe nuestro diario; a través de nuestro sitio internet también lo sigue un público mucho más amplio, o sea, el de “las periferias”, como suele decir el Papa Francisco. Hay un gran interés por nuestro diario en el mundo mediático, porque, sabiendo que es una publicación de mucha calidad, muchos quieren conocer cuál es la posición de “La Croix” ante determinados argumentos.

¿En qué es diferente?

En la jerarquía de la actualidad. Nuestra razón de ser es la actualidad, y ella nos guía. Pero en esta gran actualidad que “resuena” continuamente en nosotros tenemos que hacer una selección entre lo que es fútil y lo que es importante, entre lo que tiene consecuencias graves para los hombres de nuestro tiempo y lo que, en cambio, es secundario. Hay argumentos que profundizamos más, por ejemplo, las cuestiones que conciernen a la ética, a la sociedad, a la familia o a la solidaridad social. Intentamos dar a nuestros lectores –algo no muy frecuente entre nuestros colegas– motivos de esperanza en la situación actual, a menudo muy dura y triste. Esto significa buscar en esta actualidad rayos de luz, personas luminosas, personas que actúen e infundan en los lectores la voluntad de comprometerse.

Os interesa, pues, no solo el acontecimiento sino también el aspecto humano del mismo.

Claro que sí. El cardenal Etchegaray invitó a los periodistas a mirar en todos los lugares donde hay un hombre. Y Noël Copain decía que tratamos cuestiones en las que está en juego el destino del hombre. A nosotros no nos importa la superficie de las cosas, sino más bien todo lo que tiene consecuencia felices o infelices en la vida de los hombres de nuestro tiempo.

Usted escribió: Es preciso mirar los acontecimientos desde otra perspectiva: ¿no es precisamente esta la particularidad de La Croix?

La cosa más importante es comprender las motivaciones de las personas. Pues bien, los temas relacionados con el matrimonio y el fin de la vida son temas eminentemente políticos, que deberían estar en el centro de las reflexiones de los políticos.

Usted fue la primera mujer en dirigir un diario en Francia. ¿Cómo vive el hecho de ser mujer en medio de unos noventa periodistas, la mayoría de los cuales son hombres?

Mi primera tarea como periodista fue la que hoy se denomina secretaria de redacción. Y esto quiere decir que al final de todo tenía el trabajo y la puntualización del trabajo de los demás: relectura, elección de títulos, compaginación, etc. Estaba al servicio del trabajo de los otros. Me gustaba hacerlo, porque me agrada que aparezcan las ideas, que las personas logren plasmar sus propias ideas: me considero una “partera” del trabajo de los demás ¿Es femenino este modo de proceder? Indudablemente sí.

¿Y sus desafíos?

Cierta firmeza en la apertura para seguir logrando que “La Croix” sea un lugar de paz destinado a favorecer el diálogo entre las personas. Yo misma estoy casi al final de mi carrera profesional, y espero tener muchos herederos.

Después de la licenciatura en letras y el diploma en el Centro de formación de periodistas de París, Dominique Quinio comenzó su carrera periodística en “La Charente Libre”, en 1974. Al año siguiente entró en “La Croix”, diario en el que ocupó los siguientes cargos: secretaria de redacción, redactora, responsable del servicio “societé”, jefa de redactores, vicedirectora en 2000 y directora desde 2006. Quinio está casada y es madre de cuatro hijos. Fue revisora del “Institut des Hautes Études de Défense Nationale” (Ihedn) y miembro del Comité de redacción de la revista “Études” y del Alto Consejo de la población y de la familia, así como del Comité de las semanas sociales.

Por Catherine Aubin

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

26 de Febrero de 2020

NOTICIAS RELACIONADAS