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Haciendo camino

· Misa en Santa Marta ·

El «camino justo» se llama Jesús y para el cristiano el camino de la vida está hecho «un poco de cruz y un poco de resurrección». Pero por el camino está quien se detiene como «una momia espiritual», quien se equivoca de dirección y se obstina, quien se pasa la vida dando vueltas sin sentido y quien se deja seducir por las bellezas mundanas: sobre estas actitudes alertó el Papa, invitando expresamente a un examen de conciencia para verificar la propia experiencia de fe, en la misa celebrada el martes 3 de mayo en la capilla de la Casa Santa Marta.

El pasaje evangélico de Juan propuesto por la liturgia (14, 6-14) —explicó Francisco— «es parte del largo discurso de Jesús en la última cena, el discurso de despedida: Él se despide antes de ir a la Pasión». Y dice a los apóstoles: «No os dejaré huérfanos; no os dejaré solos; voy a prepararos un sitio». Además, destacó el Papa, en los «dos versículos anteriores a este pasaje que hemos escuchado» se lee: «Donde yo voy sabéis el camino, vosotros conocéis el camino». Y Tomás responde: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Y es aquí donde inicia el texto evangélico de la liturgia del día, con Jesús que dice a Tomás: «Yo soy el Camino». Es «la respuesta a la angustia, a la tristeza, a la tristeza de los discípulos por esta despedida de Jesús: ellos no comprendían mucho, pero estaban tristes por esto». Por ello Jesús dice a Tomás: «Yo soy el Camino».

Esta expresión de Jesús, afirmó Francisco, «nos hace pensar en la vida cristiana», que «es un camino: comenzamos a caminar con el bautismo, y camino, camino, camino». Se puede decir que la vida cristiana «es un camino y el camino justo es Jesús». Y, así, Él mismo dijo: «Yo soy el Camino». Por lo tanto, «para caminar bien en la vida cristiana el camino es Jesús».

Pero, advirtió el Papa, «hay muchos modos de caminar». Está «ante todo el que no camina. Un cristiano que no camina, que avanza, es un cristiano “no cristiano”, por decirlo así: es un cristiano un poco pagano, está allí, está inmóvil, no avanza en la vida cristiana, no hace florecer las bienaventuranzas en su vida, no hace obras de misericordia, está estático». Es más, añadió Francisco, «disculpadme la palabra, pero es como si fuese una “momia”, eso, una “momia espiritual”». Y «existen cristianos que son “momias espirituales”, estáticos: no hacen mal a nadie, pero no tampoco el bien. Pero este modo de ser «no dará fruto: no es un cristiano fecundo porque no camina».

Luego, continuó el Papa, hay algunos que «caminan y se equivocan de camino». Pero «también nosotros muchas veces nos equivocamos de camino». Es «el Señor mismo quien viene y nos ayuda, no es una tragedia equivocarse de camino». En efecto, «la tragedia es ser terco y decir: “este es el camino”, y no dejar que la voz del Señor nos diga: “Este no es el camino, vuelve, vuelve hacia atrás y retoma la senda auténtica”». Hay que «retomar el camino cuando nos damos cuenta de los errores, de las equivocaciones que cometemos» y «no ser tercos e ir siempre por la senda equivocada, porque esto nos aleja de Jesús, porque Él es el camino y no el camino equivocado».

Es más, explicó Francisco, «hay otros que caminan pero no saben dónde van: son errantes en la vida cristiana, vagabundos». En tal medida que «su vida es un dar vueltas, por aquí y por allá, y, así, pierden la belleza de acercarse a Jesús en la vida de Jesús». O sea, «pierden el camino porque dan muchas vueltas, y muchas veces este dar vueltas, dar vueltas errantes, los conduce a una vida sin salida: dar demasiadas vueltas se convierte en un laberinto y luego no saben cómo salir». Así, al final, «pierden la llamada de Jesús, no tienen brújula para salir y dan vueltas, dan vueltas, buscan».

Luego, continuó el Papa, «hay otros que en el camino son seducidos por una belleza, por algo, y se quedan en la mitad del camino, fascinados por lo eso que ven, por esa idea, por esa propuesta, por ese paisaje, y se detienen». Pero «la vida cristiana no es una fascinación: es una verdad. Es Jesucristo». Y «santa Teresa de Ávila decía, hablando de este camino: “Nosotros caminamos para llegar al encuentro con Jesús”»: precisamente «como una persona que camina para llegar a un sitio, no se detiene porque le gusta un albergue, porque le gusta el paisaje, sino que sigue adelante, adelante, adelante». Pero «en la vida cristiana» está bien «detenerse, contemplando las cosas que me gustan, las bellezas —están las bellezas y hay que contemplarlas, porque las hizo Dios—, pero no quedarse allí». Hay que «continuar la vida cristiana». Por ello hay que hacer «que algo hermoso, algo sereno, una vida tranquila no me fascine haciendo que me detenga». De este modo, afirmó el Papa, hay «muchas formas de no recorrer el justo camino», porque «el justo camino, la senda justa es Jesús».

En la perspectiva de esta reflexión, el Pontífice sugirió un examen de conciencia a través de una serie de preguntas directas: «Nosotros, hoy, podemos preguntarnos, cada uno de nosotros: Mi camino cristiano, que comencé en el bautismo, ¿cómo va? ¿Se ha detenido? ¿Se ha equivocado de camino? ¿Estoy continuamente dando vueltas y no sé dónde ir espiritualmente? ¿Me detengo ante las cosas que me gustan: la mundanidad, la vanidad —muchas cosas, ¿no?—, o voy siempre hacia adelante, haciendo concretas las bienaventuranzas y las obras de misericordia?». Y, añadió, «hace bien preguntarse esto: es un auténtico examen de conciencia». En esencia: «¿Cómo camino? ¿Sigo a Jesús?».

Y acerca de «cómo seguir a Jesús —explicó el Papa— nos lo ha dicho Pablo en la primera lectura (1 Co 15, 1-8): “Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras: que fue sepultado y que resucitó según las Escrituras: que se apareció a Cefas y luego a los Doce”». Es esto, explicó Francisco, «seguir a Jesús es estar convencido de esto, que el camino de Jesús ese este: siempre hay un poco de cruz y un poco de resurrección». Pero «este es el camino» y «cuando Jesús dijo a Tomás: “Yo soy el Camino”, le decía esto». Por ello, insistió el Pontífice, «este es el camino y este es el camino cristiano: el camino de Jesús tiene muchas consolaciones, y también cruz, pero siempre con paz en al alma».

Sacando las conclusiones de su reflexión, el Papa volvió a repetir que «no sigue totalmente a Jesús el cristiano que se detiene; el que se equivoca de camino; el que se pasa la vida dando vueltas; el que fascinado y seducido por las bellezas o las cosas que le interesan se detiene allí para mirar y, así, hace más lento el camino».

Antes de continuar con la celebración, Francisco invitó nuevamente a un examen de conciencia —al menos «cinco minutitos»— para preguntarse: «¿Cómo estoy en este camino cristiano? Estático, en la dirección equivocada, dando vueltas, deteniéndome ante las cosas que me gustan?». O bien correspondo a lo que dice Jesús: «Yo soy el Camino»? Y, exhortó, «pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a caminar bien, siempre, y cuando nos cansemos» hagamos «una pequeña pausa y adelante». Al Señor, concluyó, «pidamos esta gracia».

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18 de Septiembre de 2019

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