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​Hacerse cargo del presente junto a los jóvenes

· En la plaza de San Pedro la concelebración eucarística para la apertura del Sínodo ·

La bienvenida del Papa a los dos obispos de la China continental presentes en los trabajos

La invitación a «que despierte y renueve en nosotros la capacidad de soñar y esperar» fue dirigida por el Papa Francisco a los padres sinodales que el miércoles por la mañana, 3 de octubre, en el atrio de la basílica vaticana, concelebraron la misa de apertura de la XV Asamblea general ordinaria dedicada al tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

En la homilía el Pontífice invocó el Espíritu Santo – para que «nos dé la gracia de ser Padres sinodales ungidos con el don de los sueños y de la esperanza para que podamos, a su vez, ungir a nuestros jóvenes con el don de la profecía y la visión» — haciendo notar que «hoy, por primera vez, están también aquí con nosotros dos hermanos obispos de China Continental». De aquí la exhortación a dar «nuestra afectuosa bienvenida» — subrayada por el aplauso de la asamblea de los fieles — ya que «gracias a su presencia, la comunión de todo el Episcopado con el Sucesor de Pedro es aún más visible». Palabras que habían sido precedidas por el abrazo con el que todo el pueblo chino había sido simbólicamente acogido en la plaza de San Pedro. Antes del rito, de hecho, delante de la capilla de la Piedad, el Papa había querido saludar personalmente a treinta peregrinos de origen chino y vietnamita — después presentes también en la misa — que hoy viven también en Filipinas y América del Norte. El grupo está en estos días en Roma para la peregrinación promovida por la congregación de San Juan Bautista, fundada hace noventa años por el misionero belga Vincent Labbe, gran apóstol del Evangelio en China.

En su meditación, Francisco recordó que «la esperanza nos interpela, moviliza y rompe el conformismo del “siempre se hizo así” y nos pide levantarnos para mirar de frente el rostro de nuestros jóvenes y las situaciones en las que se encuentran». Esa misma esperanza, añadió, que «nos pide trabajar para revertir las situaciones de precariedad, exclusión y violencia a las que están expuestos nuestros muchachos». Por otro lado, prosiguió el Papa, estos «nos invitan a asumir junto a ellos el presente con mayor compromiso y luchar contra todas las formas que obstaculizan sus vidas para que se desarrollen con dignidad»; y «nos piden y reclaman una entrega creativa, una dinámica inteligente, entusiasta y esperanzadora», para que «no los dejemos solos en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y oscurecen su visión».

Ese es el espíritu indicado por el Papa a los padres sinodales: el de «ponernos a la escucha los unos de los otros para discernir juntos lo que el Señor le está pidiendo a su Iglesia». En la conciencia de que esto «nos exige estar alertas y velar para que no domine la lógica de autopreservación y autorreferencialidad que termina convirtiendo en importante lo superfluo y haciendo superfluo lo importante». También porque, advirtió, «sin esta actitud, vanos serán todos nuestros esfuerzos», mientras que al contrario «el don de la escucha sincera, orante y con el menor número de prejuicios y presupuestos nos permitirá entrar en comunión con las diferentes situaciones que vive el Pueblo de Dios». En resumen, una actitud que permite defenderse «de la tentación de caer en posturas eticistas o elitistas, así como de la fascinación por ideologías abstractas que nunca coinciden con la realidad».

Dirigiéndose directamente todavía a los padres sinodales, el Pontífice recordó que muchos de los presentes eran jóvenes o estaban moviendo «losprimeros pasos en la vida religiosa» cuando Pablo VI cerraba el Vaticano II, que precisamente a los jóvenes de entonces quiso dirigir el último mensaje de los padres conciliares. «Lo que escuchamos de jóvenes nos hará bien volverlo repasar en el corazón», comentó al respecto, releyendo en la conclusión de la homilía un amplio fragmento del texto del mensaje. 

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17 de Diciembre de 2018

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