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Fuera de la puerta y a lo largo del río

· Carta del dicasterio para los consagrados ·

Anunciar el Evangelio es cuestión del corazón. Lo pone de relieve la nueva carta de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica que tiene como título: «Anunciad: a los consagrados y a las consagradas testigos del Evangelio entre la gente» (Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, septiembre de 2016, 160 páginas). 

Con este texto, después de los tres anteriores a cargo del dicasterio y que ya han sido publicados —encabezados por los tres verbos alegraos, escrutad, contemplad—, se concluye el ciclo relativo al Año de la vida consagrada que se clausuró el pasado 2 de febrero. La carta recuerda que el corazón de los consagrados debería tener por su naturaleza una dimensión esencialmente en salida, es decir orientado a los demás. Por su vocación, en efecto, ellos son los especialistas de la misión, del anuncio de Cristo al prójimo, identificado con cada hombre y cada mujer que encuentran diariamente en su camino. Están llamados a no pasar de largo con indiferencia, sino a interesarse por cada uno, en sus necesidades y en sus expectativas. Por esta actitud de apertura a los demás son los primeros en tener una tensión continúa hacia lo exterior: es decir, usando la expresión tan apreciada por el Papa Francisco, a estar «en salida». Uno de los elementos principales del texto es la apremiante invitación a cambiar de mentalidad, a realizar una especie de conversión «ad extra». La vida consagrada está llamada a desempeñar su misión «fuera de la puerta y a lo largo del río». Quienes viven este estilo de vida tienen la vocación específica de estar presentes en las «situaciones de miseria y de opresión, de duda y de desaliento, de miedo y de soledad, manifestando que la ternura de Dios no tiene límites».

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18 de Febrero de 2019

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