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Frente a la propria muerte

· La dificultad de las directrices anticipadas ·

Anuncios televisivos, anuncios en los periódicos y una página web completamente dedicada a un sujeto que suscita al mismo tiempo una repulsión natural y reacciones decididas: el final de la vida. El ministerio de la salud francés ha informado sobre el inicio de una gran campaña de sensibilización y de educación sobre la mujer y el morir.

Francia dispone desde hace tiempo de una ley sobre el final de la vida, la ley Leonetti de 2005 después convertida en Claeys-Leonetti en el 2016, pero el texto es ampliamente desconocido por la población y, algo aún más grave, también por muchos médicos. Los resultados están ante los ojos sobre todo de aquellos que se ocupan del final de la vida: los médicos paliativos. La campaña ideada por el Centro nacional de cuidados paliativos y del final de la vida (www.soin-palliatif.org) quisiera colmar una laguna cultural y llevar a los franceses a reflexionar sobre el final de su vida, sobre la medicina paliativa, a comprender qué es la sedación, qué son las directrices anticipadas y a aprender a escribirlas.

En un país como Francia donde a menudo se han alzado las voces de quien pide el derecho a abreviar la propia vida, se descubre ignorante y temeroso frente a la muerte y a la posibilidad que la medicina ofrece a quien se encuentra de frente, y esto a distancia de años de la aprobación de una articulada y buena ley sobre el final de la vida, una ley que ha incidido tan escasamente en la población y que a día de hoy son poquísimos aquellos que han elaborado directrices anticipadas, aún menos los que han escrito de forma correcta y comprensible.

La situación francesa no puede no enseñar algo y sería de alguna manera superficial dejar pasar lo que está pasando más allá de los Alpes sin hacer tesoro de eso. A fuerza de hablar de derechos el riesgo es que nadie o casi nadie se ocupa de los contenidos y de su significado real, llegando a la situación paradójica de escribir una ley mediocre o, si es buena, destinada a ser poco comprendida, o peor, mal aplicada.

Quien se ocupa de cuidados paliativos sabe que escribir una directriz anticipada de tratamiento es algo muy difícil. Cuando era el director de clínicas en una gran unidad de medicina paliativa de un hospital universitario suizo me sucedió a menudo asistir a un ejercicio que el primario pedía a todos los especialistas hacer al menos una vez: escribir las propias directrices anticipadas. Yo mismo probé el ejercicio y nunca llegué a redactar una forma de directriz que, releída después de algún tiempo, me dejara satisfecho y tranquilo: demasiados puntos difíciles para prever, demasiadas afirmaciones genéricas o al contrario, demasiado precisas para situaciones desconocidas cuando se está sano, demasiadas variables ignoradas.

También afirmaciones como “no quisiera ser hidratado o alimentado en caso de tener una enfermedad incurable en fase avanzada o terminal” dejan abiertas muchas preguntas. ¿Cuál será exactamente mi diagnóstico en ese momento? ¿Quién tenga cerca estará contento realmente de mi elección? ¿Y si quizá un mínimo de hidratación me asegurase más confort sin alargarme la vida pero eliminando un síntoma como la nausea?

El hecho de que pocos hemos escrito las propias directrices anticipadas también en países que ofrecen la posibilidad de hacerlo, hace reflexionar y protege de ilusiones. Tales instrumentos no son inútiles pero sin una sereno giro cultural y una profundo y calmado conocimiento del sujeto podría revelarse insuficiente.

La muerte «precisamente como el sol no se dejar mirar a la cara» escribía La Rochefoucauld. Pero al menos se podría probar a hablar en el tiempo y con profesionalidad de los esfuerzos humanos para estar de frente. Solamente entonces derechos y obligaciones se convertirían en más claros y más compartidos.

di Ferdinando Cancelli

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13 de Diciembre de 2017

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