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Esos cristianos necios

· Misa en Santa Marta ·

Ser cristianos significa ser «un poco necios», a menos según la lógica mundana. Y de ningún modo autorreferenciales, de modo que solos no se puede hacer nada y precisamente para no asustarnos viene en nuestra ayuda la gracia de Dios. Son las directrices fundamentales de la vida cristiana, centrada en la novedad del Evangelio que invierte los criterios del mundo, que el Papa Franciso volvió a proponer en la misa celebrada el jueves 11 de septiembre por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

Al invitar a leer y releer, incluso cuatro veces, si fuera necesario el capítulo sexto del Evangelio de san Lucas –la liturgia de hoy propone en particular los versículos 27-28– el Pontífice recordó cómo Jesús nos dio la «ley del amor: amar a Dios y amarnos como hermanos». El Señor, añadió el Papa, no dejó de explicarla «un poco más con las Bienaventuranzas» que resumen bien «la actitud del cristiano».

Sin embargo, en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús va más allá y «explica todavía más a los que estaban a su alrededor para escucharlo». Sobre todo, sugirió el Papa, examinemos «los verbos que usa: amad; haced el bien; bendecid; orad; preséntale; no le impidas; dale». Con estas palabras, comentó, «Jesús nos muestra el camino que debemos seguir, un camino de generosidad». Nos pide ante todo «amar». Y nosotros nos preguntamos «pero ¿a quién tengo que amar?». Él nos responde «a vuestros enemigos». Así nosotros, sorprendidos, pedimos una confirmación: pero ¿precisamente a nuestros enemigos? «Sí», nos dice el Señor, precisamente «a nuestros enemigos».

Pero el Señor nos pide además «hacer el bien». Y si no le preguntamos «¿a quién?», Él nos responde inmediatamente «a los que nos odian». Y también esta vez volvemos a pedir al Señor la confirmación: «Pero, ¿tengo que hacer el bien al que me odia?». Y la respuesta del Señor es siempre «sí».

Después nos pide también «bendecir a los que nos maldicen» y «orar» no sólo «por mi mamá, mi papá, mis hijos, la familia», sino «por aquellos que nos tratan mal». «Y no rechazar a quien te pide» algo. La «novedad del Evangelio», explicó el Pontífice, consiste en «darse a sí mismo, dar el corazón, precisamente a los que no nos quieren, que nos causan daño, a los enemigos». Se lee en el pasaje de san Lucas: «como queráis que la gente se porte con vosotros, de igual manera portaos con ella. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?». Sería un mero «intercambio: tú me amas, yo te amo». Pero Jesús nos recuerda que «también los pecadores –y cuando dice pecadores se refiere a los paganos– aman a los que les aman». Por eso, destacó el Papa Francisco, «¡no tiene mérito!».

Prosigue todavía el pasaje evangélico: «Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo». De nuevo, dijo el Papa, se trata de un simple «intercambio: yo te hago el bien, tú me haces el bien». Y sigue todavía el Evangelio: «si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?». Por lo demás, precisa el evangelista, «también los pecadores hacen préstamos a los pecadores para recibir lo mismo».

Todo este razonamiento de Jesús, afirmó el Papa Francisco, lleva a una fuerte conclusión: «amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada, sin intereses, y será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo».

Es por ello evidente, prosiguió, que «el Evangelio es una novedad difícil de llevar adelante». En una palabra significa «ir detrás de Jesús». Seguirlo, imitarlo. Jesús no responde a su Padre «iré y diré cuatro cosas, haré un buen discurso, indicaré el camino y después regreso». No, la respuesta de Jesús al Padre es: «Hágase tu voluntad». Y así, «da su vida no por sus amigos», sino «por sus enemigos».

El camino del cristiano no es fácil, reconoció el Papa, pero «es este». Así a los que dicen «yo no me siento capaz de obrar así» la respuesta es «si no te sientes capaz, es un problema tuyo, pero el camino cristiano es este. Este es el camino que Jesús nos enseña. Por eso el Pontífice sugirió «ir por el camino de Jesús, que es la misericordia: sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Porque «solamente con un corazón misericordioso podremos hacer todo lo que el Señor nos aconseja, hasta el final». Resulta por lo tanto evidente, que «la vida cristiana no es una vida autorreferencial» sino que «sale de sí misma para darse a los demás: es un don, es amor, y el amor no vuelve sobre sí mismo, no es egoísta: ¡se da!».

El pasaje de san Lucas termina con la invitación a no juzgar y a ser misericordiosos. En cambio, dijo el Pontífice, «muchas veces parece que nosotros nos hemos proclamado jueces de los demás: criticando, hablando mal, juzgamos a todos». Pero Jesús nos dice: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados». Por lo demás, «todos los días lo decimos en el Padrenuestro: perdónanos como nosotros perdonamos». En efecto, si yo, en primer lugar, «no perdono, ¿cómo puedo pedir al Padre que “me perdone?”».

Hay además otra imagen muy bella en la página evangélica: «“dad y se os dará” –dijo el Papa– y aquí se ve que el corazón de Jesús se dilata y hace esta promesa que quizá es una imagen del cielo». La vida cristiana, así como la presenta Jesús, parece de verdad «una necedad», destacó el Papa Francisco. Por lo demás, san Pablo mismo habla de la «necedad de la cruz de Cristo que no tiene nada que ver con la sabiduría del mundo». Por ello, «ser cristiano es convertirse en un necio, en cierto sentido». Y «renunciar a esa astucia del mundo para hacer todo lo que Jesús nos pide». Pero «el camino de Jesús» es «la magnanimidad, la generosidad, el darse a sí mismo sin medida». Él «vino al mundo» para salvar y darse a sí mismo, «perdonó, no habló mal de nadie, no juzgó».

Ciertamente, reconoció el Pontífice, «ser cristiano no es fácil» y con nuestras solas fuerzas no podemos «llegar a ser cristianos»: nos sirve «la gracia de Dios». Así, hay una oración, dijo el Papa, que se debe hacer todos los días: «Señor, dame la gracia de llegar a ser un buen cristiano, una buena cristiana, porque yo no puedo».

El Papa Francisco concluyó la meditación reconociendo que «una primera lectura» del capítulo sexto del Evangelio de san Lucas «asusta». Pero, sugirió, «si tomamos el Evangelio y hacemos una segunda, una tercera, una cuarta lectura», podemos después pedir «al Señor la gracia de entender qué es ser cristiano». Y «también la gracia de que Él nos haga, cristianos. Porque nosotros no podemos hacerlo solos».

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26 de Febrero de 2018

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