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Ese puente entre Nairobi y París

Ha sido como si el abrazo recibido del pueblo keniano durante la misa celebrada en el campus universitario hubiese donado nueva energía al Papa Francisco. Lleno del entusiasmo contagioso de los cientos de miles de personas reunidas en los parques de la ciudad, y después de un breve descanso en la nunciatura, el jueves 26 de noviembre, por la tarde, el Pontífice llegó a la «St Mary’s School». 

En el gran campo de deportes de esta escuela secundaria y terciaria de propiedad de la archidiócesis estaba programado el encuentro con el clero, los religiosos, las religiosas y los seminaristas. Cerca de ocho mil personas lo acogieron cuando, a las 15.45, el Papa Francisco llegó a bordo del papamóvil descubierto, ocasión que le ofreció por otra parte la breve pausa de sol entre un temporal y otro.

Conmovido por las manifestaciones de afecto de los presentes, el Papa comenzó un largo discurso de forma espontánea en el cual, como un padre atento, dio consejos a todos los consagrados.

Antes de despedirse de la escuela, el Papa quiso dar una caricia a un grupo de niños enfermos. Luego, en el coche, recorrió los 11 kilómetros que lo separaban del barrio general de la ONU en África (Unon), donde tenía en agenda uno de los encuentros más significativos de todo el viaje. En esta sede, que acoge también las oficinas de dos programas de las Naciones Unidas, la del ambiente (Unep) y la de los asentamientos (Un-Habitat), el Pontífice recordó con fuerza los conceptos fundamentales de la Laudato si’, considerando también que muchos de los problemas tratados son particularmente sensibles en el contexto continental africano. Precisamente en el centro del continente está, por ejemplo, la inmensa cuenca fluvial del Congo, uno de los pulmones de la tierra que es absolutamente necesario preservar. 

De nuestro enviado Maurizio Fontana

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14 de Diciembre de 2019

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