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Entre las generaciones

En las más antiguas y diversas tradiciones culturales y religiosas la vejez ha tenido siempre un papel importante y digno, aun oscilando entre declinación natural y sabiduría, como aparece con evidencia en las sagradas Escrituras judías y cristianas. No se puede decir lo mismo de las sociedades occidentales de hoy, donde cada vez más prevalece un difundido materialismo, que depende exclusivamente de crueles y miopes lógicas de provecho. Los ancianos, en consecuencia, son a menudo infamemente marginados, y la misma vejez es ocultada.

Significativo —y dirigido mucho más allá de la Iglesia— se presenta el encuentro con los ancianos querido por el Papa Francisco, al que el obispo de Roma, con gesto afectuoso y amable, quiso invitar a su predecesor. Constante en la predicación del Pontífice es la insistencia sobre las dos alas de la sociedad —los ancianos y los jóvenes— que no deben ser dejadas a un lado. Cuando, efectivamente, se privilegia de modo utilitarista sólo el presente, se pone en riesgo a la misma sociedad, privada de las raíces del pasado, contenida en la memoria de los ancianos, y de la apertura al futuro, ínsita en los jóvenes.

A las abuelas y abuelos —madres y padres «dos veces» como los definió Francisco— El Papa les dirigió un fuerte mensaje de estímulo. Incluso en situaciones difíciles y trágicas, como las de la persecución, hoy en Oriente Medio o ayer en países como Albania, «los ancianos que tienen fe son como árboles que siguen dando fruto», siempre y de cualquier manera. La vejez es entonces «un tiempo de gracia» para la transmisión de la fe, como canta el salmista citado por el Pontífice en la homilía: «Ahora en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación».

Meditando en el episodio evangélico del encuentro de María, «joven, muy joven», con Isabel y Zacarías, el obispo de Roma ha descrito ese encuentro entre generaciones como algo que debe ser salvaguardado en el corazón de la familia. Es una reflexión que el Papa Francisco ofrece exactamente una semana antes del inicio del largo itinerario que, en el curso de dos años, el Sínodo de los obispos afrontará sobre este tema. Para subrayar sobre todo la importancia y la belleza, sin olvidar los vínculos de situaciones difíciles y dolorosas.

Grande es la atención de los medios de comunicación, pero estos tienen que vencer la solución fácil de permanecer en la superficie, cautivados quizás por polémicas no raramente interesadas, si quieren dar cuenta de las reales intenciones del debate y de las contribuciones sinodales sobre la familia queridas por el Pontífice. El objetivo principal, en efecto, es lo que a Bergoglio le interesa desde siempre: el testimonio y el anuncio del Evangelio, sobre todo a quien, en apariencia, está más alejado.

g.m.v.

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14 de Octubre de 2019

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