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Entre el cielo y la tierra

· El Papa celebra las vísperas en la Capilla Sixtina a los cinco siglos de la inauguración de la bóveda de Miguel Ángel ·

Y en el Ángelus de Todos los Santos recuerda que la Iglesia está en camino hacia la Jerusalén celeste

Una «fiesta sin fin» que se vive en comunión «entre el cielo y la tierra». Es el sentido de la solemnidad litúrgica de Todos los santos, como lo sintentizó Benedicto XVI en los dos significativos momentos que han caracterizado este año la celebración. En la tarde del miércoles 31 de octubre, el Papa presidió la celebración de las vísperas en la Capilla Sixtina para recordar el quinto centenario de la inauguración del fresco de Miguel Ángel que embellece la bóveda. Y el día siguiente, jueves 1 de noviembre, a mediodía, guió el acostumbrado encuentro de oración con los fieles que acudieron a la plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus en la fiesta.

En el esplendor de la Capilla magna del Palacio apostólico vaticano, Benedicto XVI tomó la imagen de una Iglesia en camino hacia la Jerusalén celeste, de la que se habla en la Carta a los Hebreos, donde junto «a miríadas de Ángeles» y en la «reunión festiva» que tiene «por centro a Dios» se realizan para los cristianos «las promesas de la Antigua Alianza». Una «dinámica de promesa y cumplimiento» representada en la Sixtina, señaló el Pontífice, «en los frescos de las largas paredes» que encuentran luego la síntesis en el juicio final de Miguel Ángel, representación maravillosa de la gran victoria del Dios creador, de su poder, de su relación directa con el hombre. Y precisamente «en ese encuentro entre el dedo de Dios y el del hombre percibimos el contacto entre el cielo y la tierra», concluyó el Papa.

En este tocarse de cielo y tierra se expresa toda la plenitud de la vida del hombre en Dios. Benedicto XVI lo explicó a los fieles en la plaza de San Pedro en el Ángelus de Todos los santos, aquellos que «vivieron intensamente» la dinámica de la cual había hablado en las vísperas. Es «en la comunión de los santos» donde se realiza la unión de las dos dimensiones de una Iglesia que camina en el tiempo y que participa «en la fiesta sin fin» en la Jerusalén celestial. Y es esta una realidad «que comienza aquí abajo en la tierra –explicó también el Papa– y alcanza su cumplimiento en el cielo».

Ser cristianos, formar parte de la Iglesia «significa abrirse a esta comunión –subrayó el Pontífice– como una semilla que se abre en la tierra, muriendo, y germina hacia lo alto, hacia el cielo». Con esta fe llena de esperanza «veneramos a todos los santos», también a los que «sólo Dios conoce».

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15 de Octubre de 2019

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