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En Santa Marta el Pontífice ofrece la misa por el noble pueblo chino

· En la homilía reitera que explotar a los trabajadores es pecado mortal ·

La «injusticia de explotar el trabajo es pecado mortal y esto no lo digo yo, ¡lo dice Jesús!». Con palabras fuertes el Papa Francisco denunció que «también hoy para salvar a los grandes capitalistas se deja a la gente sin trabajo». Y se dirigió directamente a los que están apegados a las riquezas: «ay de vosotros que explotáis gente, que explotáis el trabajo, que pagáis en negro, que no pagáis la contribución para la pensión, que no dais vacaciones», porque no estáis «en gracia de Dios» afirmó el Pontífice, el jueves 24 de mayo, en la misa en Santa Marta. Invitando a «rezar y hacer penitencia» no por los pobres sino precisamente por los ricos esclavos de esta idolatría.

Una celebración que el Papa quiso ofrecer en particular «por el noble pueblo chino» recordando, al inicio del rito, que «hoy la Iglesia recuerda a María Auxiliadora y en Shanghai se celebra la fiesta de la Virgen de Sheshan, de María Auxiliadora».Para su reflexión sobre la cuestión de la injusticia social —no se trata de ser comunistas o sindicalistas sino seguir el Evangelio, dijo — Francisco hizo referencia directamente a la «carta de Santiago (5, 1-6), que hemos escuchado en la primera lectura: habla de las riquezas, de cómo un cristiano debe actuar delante de las riquezas o con las riquezas». Y el apóstol «va decidido —explicó Francisco— no usa medias palabras, dice las cosas con fuerza: “Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están a punto de caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados, vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos”».

Es un texto, señaló el Papa, «muy fuerte, muy fuerte y también duro». Por otro lado «Jesús no había dicho menos: “¡Ay de vosotros ricos!», en la primera invectiva después de las bienaventuranzas en la versión de Lucas». Por tanto «¡ay de vosotros ricos!» pero, afirmó Francisco, «si uno hoy hiciera una predicación así en los periódicos, al día siguiente», se leería que «¡ese sacerdote es comunista!».

Sin embargo «la pobreza está en el centro del Evangelio» reiteró el Pontífice, y «la predicación sobre la pobreza está en el centro de la predicación de Jesús». Tanto que «“beatos los pobres” es la primera de las bienaventuranzas». Es más, insistió el Papa, «el carné de identidad con el que se presenta Jesús cuando vuelve a su pueblo, a Nazaret, a la sinagoga, es “el Espíritu está sobre mí, he sido enviado a anunciar el Evangelio, la Buena Noticia, a los pobres, el alegre anuncio a los pobres”».

«Siempre en la historia —reconoció Francisco— hemos tenido esta debilidad de tratar de quitar esta predicación sobre la pobreza creyendo que es algo social, político. ¡No! Es Evangelio puro, es Evangelio puro». Es importante preguntarse, prosiguió, «por qué está predicación tan dura contra las riquezas», tanto que Jesús dice «¡ay de vosotros ricos!». Los ricos, explicó el Papa, «son también un don de Dios, pero los ricos, esos que están apegados al dinero, el Señor los castiga como dice hoy Santiago» en el pasaje de la carta propuesto por la liturgia.

«Antes que nada, porque las riquezas son una idolatría» explicó el Pontífice. Y «Jesús mismo dice que no se puede servir a dos señores: o tú sirves a Dios o tú sirves las riquezas». La riqueza, por tanto, tiene la categoría de «señor». Así la pregunta directa es: «¿tú eres fiel a Dios o eres fiel a este otro señor?». Pero «esto no se puede —explicó Francisco — porque la riqueza es “señorial” en el sentido que te toma y no te deja y va contra el primer mandamiento. Es una idolatría». Tanto que «una vez, escuché un misionero que, cuando hablaba de estas cosas, decía en la predicación: “Todos los ídolos son de oro”». Sí, añadió el Papa, «es una exageración pero veía bien: es la seducción de las riquezas, la idolatría». Y respecto a la «idolatría, cuando Moisés estaba en el Sinaí para recibir la Ley de Dios, ¿qué hizo el pueblo? Hizo un becerro de oro para adorarlo».

«Las riquezas dan seguridad» recordó el Pontífice. Así alguno podría decir que las prefiere respecto a «este Dios que no se sabe qué hará mañana. Hoy habla, mañana está callado, está callado y no sabemos cómo es Dios con nosotros». En resumen, «las riquezas son el “dios” que nosotros tenemos en la mano para vivir tranquilos». He aquí, primer punto, «Jesús, y también Santiago, castiga las riquezas porque son una idolatría y se entiende que indica las personas que están apegadas a las riquezas, que se dejan dominar por ellas».

Segundo punto: las riquezas «son una idolatría pero también van contra el segundo mandamiento porque destruyen la relación armoniosa entre nosotros hombres» afirmó el Papa. Y en su carta «Santiago habla de esto y dice a los ricos: “Mirad, el salario de los trabajadores que han cosechado vuestras tierras”». Escuchando estas palabras, prosiguió Francisco, «alguno podrá decirme “pero padre este no es el apóstol Santiago, ¡este es un sindicalista!”. No, es el apóstol Santiago que habla bajo la inspiración del Espíritu Santo».

El Papa releyó las palabras de la carta: «Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; —este salario grita— y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos». Todo esto, aclaró, «destruye la armonía, la relación entre nosotros hermanos, va contra el segundo mandamiento: por esto las riquezas arruinan la vida, arruinan el alma».

«Estar apegado a las riquezas» es erróneos, reiteró el Pontífice. Invitando a pensar en «esa parábola de Jesús» que cuenta la historia del rico y del pobre Lázaro: «Ese rico se daba a la buena vida, fiestas, buena vida, vestidos lujosos, y ahí había uno que no tenía nada; estaban los perros a lamer las heridas de ese pobre hombre». Pero «al rico no le interesaba; sabía quién era él, se ve en la parábola del Evangelio, pero estaba ahí con sus amigos, festejaba, apegado a las fiestas, a las riquezas» porque, reiteró Francisco, «las riquezas nos alejan de la armonía con los hermanos, del amor al prójimo, nos hacen egoístas». Además de todo, eso «que dice hoy Santiago lo había dicho el profeta Isaías cuando hablaba de los sacrificios que quería Dios: “Justicia, este es el sacrificio que yo quiero, justicia con vuestros siervos”». Y Santiago le hace eco: «el salario de los trabajadores que han cosechado vuestras tierras».

«Parece algo de hoy, este» argumento, prosiguió el Pontífice. «También aquí, en Italia, para salvar los grandes capitales se deja la gente sin trabajo». Un modo de hacer que «va contra el segundo mandamiento» y a «quien hace esto» se le dice «¡ay de vosotros!». Pero para decirlo, insistió el Papa, «no soy yo, es Jesús». Sí, «ay de vosotros que explotáis a la gente, que explotáis el trabajo, que pagáis en negro, que no pagáis la contribución para las personas, que no dais vacaciones. ¡Ay de vosotros!». Porque «hacer “descuentos”, hacer engaños sobre lo que se debe pagar, sobre el sueldo, es pecado, es pecado». Y sirve de poco decir «padre, yo voy a misa todos los domingos y voy a esa asociación católica y soy muy católico y hago la novena de esto» si «no pagas» lo justo a los trabajadores. Y «esta injusticia es pecado mortal, no estás en gracia de Dios: no lo digo yo —repitió Francisco— lo dice Jesús, lo dice el apóstol Santiago». Y «por esto las riquezas te alejan del segundo mandamiento, del amor al prójimo».

Por tanto «las riquezas nos alejan del primer mandamiento, como ese hombre rico que solamente pensaba en agrandar sus almacenes porque tenía muchas cosas y no sabía dónde meterlas». Pero también «nos alejan del segundo mandamiento, como el rico: fiestas todos los días, pero no se interesaba por aquellos que estaban fuera y como esos que no pagaban lo justo». Pero, añadió, hay también una «tercera cosa que quiero decir: las riquezas tienen una capacidad de seducir tal que nos convierten en esclavos». Así «tú no eres libre delante de las riquezas; tú para ser libre delante de las riquezas debes tomar distancia y rezar al Señor». Consciente de que «si el Señor te ha dado riqueza es para darla a los demás, para hacer en su nombre mucho bien para los otros». Pero «las riquezas tienen esta capacidad de seducirnos y en esta seducción nosotros caemos, somos esclavos de las riquezas».

«Hoy creo que a todos nosotros, a los que el Señor nos ha dado la gracia de celebrar la eucaristía juntos, nos hará bien hacer un poco más de oración y un poco más de penitencia pero no por los pobres, sino por los ricos» concluyó Francisco. Sí, «por los ricos que no son libres, por los ricos esclavos, porque el rico libre es generoso, sabe que las riquezas las ha dado Dios para dar a los otros y es un grande». Pero «los ricos esclavos, los que hacen hasta ahí y mañana quiero más y más y más y pagan el precio también de explotar al prójimo y pagan el precio también de adorar un ídolo, son esclavos». Por tanto «rezar y hacer penitencia por los ricos nos hará mucho bien».

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