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En México no se derrumba la esperanza

· El empeño de la Iglesia un mes después del terremoto ·

Recuperar el tejido social en un país devastado por el terremoto. Es solo una de las tareas pero entre las más importantes en la que se ha puesto a disposición la Iglesia mexicana desde el primer momento, desde que el 7 de septiembre y después el 19 y el 23 del mismo mes, México fue flagelado repetidamente por un violento sismo. En un clima pre-electoral no fácil, el cataclismo ha volcado las prioridades sociales, posponiendo los informes de los desafiantes, y poniendo en el primer lugar las labores de rescate. También la Iglesia dio prioridad a la asistencia y a la solidaridad, valores capaces de ofrecer un rayo de luz en la oscuridad de la desesperación, una catástrofe llegada de repente, paradójicamente en el aniversario del terremoto de 1985.

Monseñor Alfonso Gerardo Miranda Guardiola, obispo auxiliar de Monterrey y secretario general de la Conferencia episcopal mexicana, cuenta el dolor por la muerte bajo los escombros de casi 500 personas, entre las cuales no pocos jóvenes y niños. Fue la primera angustia, cuenta, interrumpiendo su declaración por algún segundo y dejando espacio al silencio. «Desde el primer momento — recuerda — muchos jóvenes, también de grupos eclesiales, se han puesto a escavar, con las manos desnudas, para ayudar a los ciudadanos que estaban atrapados por sus propias casas encontrando una muerte atroz. Inmediatamente no pocas parroquias se convirtieron en centros de acopio, centros de recogidas de bienes de primera necesidad para quien había perdido todo. Donde un escrito con el lápiz en un cartón ha hecho que jabones, bebidas, galletas, arroz y muchos otros fueran reunidos, regalados a los ciudadanos de toda clase social, para los connacionales que han quedado en la desesperación».

Filas de jóvenes voluntarios han donado su tiempo a los desafortunados golpeados por el desastre, distribuyendo bienes de primera necesidad y ofreciendo asistencia. La Iglesia no ha abandonado a sus fieles ni siquiera por las exigencias inmateriales. Junto al personal universitario, está organizando la asistencia psicológica gracias a una colaboración con expertos para llevar consuelo a quien vive la asistencia de una auténtica tragedia. «La asistencia espiritual no ha faltado nunca — recuerda el prelado — reuniéndose con los afectados por el terremoto y ofreciendo consuelo religioso y momentos de oración. También por las calles».

De Ciudad de México
Nicola Nicoletti

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23 de Noviembre de 2017

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