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En la tierra de María

Con la visita en Estonia se concluye el itinerario báltico del Papa, que en Tallin alcanzó la ciudad más septentrional entre las que ha visitado en sus veinticinco viajes. Viajes casí la mitad dedicados a países europeos y todos llevados a cabo con la evidente voluntad de hacer presente en el mundo de hoy el anuncio y el testimonio del Evangelio. Como sucedió de forma visible estos días en las tres naciones de la «tierra de María», una denominación de la región báltica que queda demostrada en documentos papales medievales.

De este nombre, Bergoglio tomó inspiración precisamente en la llegada a la capital estonia para hablar de dos aspectos conectados con la figura de María: la memoria y la fecundidad. Desarrollando una reflexión iniciada en estos días, el Pontífice volvió así a insistir sobre la importancia del pasado como raíz necesaria para la construcción de un futuro que no pierda el «sentido de la vida» y la capacidad de maravillarse.

En el centenario de la independencia de los tres países el viaje papal significó también la confirmación de una relación histórica, que fue subrayada por la presidenta estonia en su discurso de bienvenida. Evocando, de hecho, el encuentro con el secretario de estado Pietro Gasparri de un diplomático del país comprometido en la guerra de liberación y que pedía a la Santa Sede el reconocimiento de Estonia, el cardenal fue informado de que la nueva república reconocía la libertad de culto y concluyó: «Entonces somos amigos». Marcando el inicio de las relaciones que se han mantenido en el tiempo con las tres naciones que el Papa visitó en el viaje papal.

Entre estas, Estonia, muy avanzada y también el país más secularizado y que precisamente por eso no debe olvidar su historia. Quien lo dijo fue la misma presidenta y el Pontífice se hizo eco de ello. «Ser tierra de la memoria es animarse a recordar que el lugar que habéis alcanzado hoy día es gracias al esfuerzo, al trabajo, al espíritu y a la fe de vuestros mayores», reafirmó Francisco refiriéndose al deber hacia el futuro. Advirtiendo después que una confianza exclusiva «en el progreso tecnológico como única vía posible de desarrollo puede provocar que se pierda la capacidad de crear vínculos interpersonales», el Papa recordó la responsabilidad en este ámbito de cuantos desempeñan cargos sociales, políticos, educativos y religiosos.

Ejemplar en este sentido, antes de la misa que concluyó el viaje, fue el encuentro ecuménico con los jóvenes en la iglesia luterana de la ciudad, salpicado de testimonios conmovedores y por cantos, en los que quiso participar la presidenta estonia. Como en Vilna, la dimensión de la amistad entre cristianos de diversas confesiones resultó fundamental en la búsqueda de «la paz en el rostro del único Dios». Un camino que debe recorrerse no solamente con los creyentes sino con todos, reafirmó Francisco improvisando. «Y al veros así, reunidos, cantando, yo me uno a la voz de Jesús y me admiro, porque vosotros, a pesar de nuestras faltas de testimonio, seguís descubriendo a Jesús en el seno de nuestras comunidades», dijo el Papa. Que tocó un punto crucial en la relación entre la Iglesia y el mundo de hoy.

g.m.v.

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17 de Diciembre de 2018

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