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En la plaza de San Pedro

· Concelebración eucarística por la apertura del Sínodo ·

El Sínodo habla cada vez más chino. Las fraternales palabras de «calurosa bienvenida» dirigidas por el Papa Francisco «a los dos hermanos obispos de China Continental» presentes en la misa celebrada por la apertura del Sínodo, estuvieron precedidas por treinta abrazos con los que todo el pueblo chino fue simbólicamente acogido en la plaza de San Pedro. Antes de la celebración, frente a la capilla de la Piedad, el Papa quiso saludar personalmente a treinta peregrinos, de orígenes chinos y vietnamitas, que hoy viven también en Filipinas y en América del norte -entre ellos tres chicos- presentes en Roma por el peregrinaje promovido por la congregación de San Juan Bautista para celebrar los noventa años de misión al servicio del pueblo chino.

Una imagen de la Madre de Dios y una cruz con el rostro impreso del misionero belga padre Vincent Labbe, pionero del diálogo con China y fundador de la congregación, fueron los dos regalos más representativos que los peregrinos presentaron a Francisco.

Los encuentros personales fueron todos muy emocionantes: una mujer se arrodilló, en lágrimas, para besar el anillo del Pontífice. A cada uno, el Papa entregó una corona del rosario y una imagen con su retrato, que firmó de su puño y letra. Los treinta peregrinos -quince religiosos y quince laicos- participaron después en la misa, tomando lugar en el sagrado.

El padre John Tran, superior de la congregación desde hace cuatro años, confió que estar presentes ese día, con el Papa, en la misa que da inicio al sínodo de los obispos dedicado a los jóvenes, es una señal de gran esperanza. Por su parte, aseguró que continuarán con la misión en el camino que trazó el padreLabbe.

En China, desde 1901, el misionero pasó toda la vida intentando entrar en el alma popular del país sin deformarla con la europeización. Por eso, conseguida la nacionalidad china -se le conocía con el nombre de Lei Ming Yuan- promovió conferencias, periódicos e institutos monásticos locales. Entre estos, de hecho, los llamados pequeños hermanos de San Juan Bautista, en 1928 -la casa generalicia está en Taiwan- e inmediatamente después las pequeñas hermanas de Santa Teresa, en 1929. Definido también como «el apóstol de la China moderna», Labbe fundó en Europa en 1923 la Unión católica juventutis sinensis y en el 1927 la Société des auxiliaires des missions precisamente para crear puentes con el gran país asiático.

La presencia espiritual del pueblo chino en la Plaza de San Pedro se relanzó después durante la misa en el momento de la oración de los fieles. La primera intención, de hecho, fue proclamada en chino por Jing Limin para invocar sobre el Papa «y sobre los obispos el espíritu de sabiduría y discernimiento: que busquen con el corazón abierto la verdad y en todo son obedientes» a la voluntad del Padre.

En español se rezó después para que el espíritu de justicia y verdad descienda sobre los gobernantes para que «guíen a los pueblos a la verdadera paz y defiendan la vida de cada persona». En árabe se invocó el espíritu de consejo y fortaleza sobre los jóvenes; y en portugués se rezó para que el espíritu de caridad y paciencia acompañe a los padres y educadores. Finalmente, en swahili se invocó el espíritu de consuelo y esperanza para apoyar «a los afligidos y las personas en dificultad».

En el ofertorio participaron también cuatro auditoras y auditores laicos del sínodo: la canadiense Emilie Callan, del Salt and Light Catholic Television Network; Djemaroum Djimtoloum, secretario de la comisión episcopal de los jóvenes de Chad; el australiano Sebastian Duhau, representante del consejo de los jóvenes de la diócesis de Parramatta; y la joven catequista filipina Nicole Anne C. Perez.

Las canciones fueron interpretadas por el cuerpo de la Capilla Sixtina y el servicio de los monaguillos fue dado por los legionarios de Cristo.

Al final de la misa, se entonó la antífona mariana con la antigua invocación Sub tuum praesidium, relanzando así la invitación, dirigida por el Papa a los fieles de todo el mundo, a rezar intensamente durante todo el mes de octubre para proteger la Iglesia del diablo.

Francisco -que usó el pastoral de madera tallada recibido como regalo por los jóvenes italianos, el 11 de agosto durante la vigilia en el circo máximo, precisamente para la apertura del sínodo- finalmente quiso saludar personalmente a los cuarenta y cinco concelebrantes cardenales en el sagrado. Entre ellos, el secretario de estado Pietro Parolin, el secretario general del sínodo de los obispos Lorenzo Baldisseri, el relator general Sérgio da Rocha y los cuatro presidentes delegados: Louis Raphaël i Sako, Desiré Tsarahazana, Charles Maung Bo y John Ribat.

Entre los concelebrantes -con numerosos arzobispos, obispos y sacerdotes- el obispo Fabio Fabene, subsecretario del sínodo de los obispos y los dos secretarios especiales: el jesuita padre Giacomo Costa y el salesiano Rossano Sala.

Acompañado por el arzobispo Georg Gänswein, prefecto de la Casa Pontificia, el Papa acogió después con un abrazo a los delegados fraternales presentes en la celebración.

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Plaza De San Pedro

17 de Octubre de 2018

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