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En el corazón del Sínodo

· ​Círculos menores sobre la segunda parte del Instrumentum laboris ·

El corazón del Sínodo. Así definieron algunos padres la segunda parte del Instrumentum laboris, que busca explicar lo que la Iglesia dice sobre la realidad de la familia cristiana, sobre su vocación y misión. Es la parte en la que se centró el debate de los trece círculos menores reunidos el 12 y el 13 de octubre. Los resultados de ese trabajo se presentaron en la octava congregación general, el miércoles 14 de octubre por la mañana.

Como es habitual, la asamblea se inició con la oración de la hora Tercia, guiada en esa ocasión por el presidente delegado, el cardenal André Vingt-Trois. En la homilía, el arzobispo ecuatoriano Luis Gerardo Cabrera Herrera se dirigió a los 264 padres presentes en el aula —no estaba el Papa Francisco con motivo de la audiencia general en la plaza de San Pedro— para hablar de la familia como «espacio propicio para experimentar la gloria de Dios». Hay que redescubrir, dijo, la familia como «una escuela donde aprendemos los valores fundamentales».

Y del papel de la familia hablaron los trece relatores, quienes, precisamente por la centralidad del tema, solicitaron unánimemente un mayor número de referencias bíblicas y magisteriales y una mayor armonía y cohesión de la segunda parte del Instrumentum laboris con el fin de garantizar la necesaria claridad y precisión del texto.

El cardenal Piacenza, relator del círculo italiano B, destacó que dicha sesión es útil precisamente para comunicar «la belleza del matrimonio ante las temerosas previsiones expresadas en la difundida «cultura de lo provisional». Juntamente con ello sugiere poner de relieve las diversas formas de vocación al amor (matrimonial, sacerdotal, consagrado) y, desde el punto de vista del lenguaje, prestar atención al uso de los términos «naturaleza» y «natural» que pueden causar malentendidos en el uso común. Es necesario, en cambio, un estilo comprensible y eficaz para «ayudar a las familias a entrar en el misterio de la familia de Nazaret». Por último, surgió del círculo la necesidad de un documento magisterial para «ordenar de un modo exhaustivo la compleja y variada doctrina sobre el matrimonio y la familia».

Como línea guía propuesta por el círculo italiano C, dijo el obispo Brambilla, es necesario que el Sínodo «vuelva a la fuente viva del mensaje de Jesús», una palabra que parte del «principio» de la creación y llega a la realización en la cruz y la resurrección. Tampoco se deben olvidar las aportaciones del magisterio que describen las características de la alianza esponsal: «santidad, unidad, fidelidad, fecundidad y generación a la vida en la educación, en la sociedad y en el mundo». De este modo se podrá definir mejor el papel de las familias, sobre todo su rol evangelizador, y el estilo que la Iglesia debe tener en relación a ellas: «proximidad contagiosa y ternura fuerte y exigente». La comunidad cristiana, se dijo, debe acompañar todas las etapas de la vida familiar con especial compromiso en el itinerario de «iniciación de los jóvenes».

El tema del acompañamiento surgió también del debate del círculo italiano A. El mismo —explicó el relator, padre Arroba Conde— pidió que se explicite la relación que tiene el Sínodo con el próximo Jubileo de la misericordia. Destacando la importancia que la gracia de Dios obra durante toda la vida, se puso de relieve la necesidad de alentar caminos de conversión.

Acerca de la realidad concreta de la vida cotidiana familiar presentó diversas aportaciones el círculo inglés D. Es necesario —dijo el relator, arzobispo Chaput— hacer comprender la novedad del sacramento cristiano del matrimonio. Respecto al tema de la indisolubilidad, por ejemplo, se sugirió presentarlo como valor positivo y no tanto como un peso que hay que soportar. En la vida diaria la familia está llamada a ser testigo a través de la vida de oración, la sensibilidad a las cuestiones ambientales y el gesto de compartir en la caridad.

Sobre la oración común, la participación en la misa dominical, pero también en paraliturgias realizada en casa, insistió el círculo inglés A. El arzobispo Kurtz dijo que la vocación común es la vocación a la comunión y a la misión, y que la fuente de todo está en Jesús.

El trabajo del círculo español A lo presentó el relator, el cardenal Lacunza Maestrojuán. Ante todo se pidió una definición clara de «familia», con el estilo de lo realizado en la Gaudium et spes. También de este círculo llegó una invitación a tener una mirada concreta sobre la vida de las familias («el Evangelio se hace carne a través de la acogida, el perdón y el encuentro, de otro modo el cristianismo se reduce a retórica o ideología») y los itinerarios graduales de acogida de la gracia de Dios. Los padres sinodales hicieron una invitación a reconocer que hay valores positivos también en otros tipos de familia.

De la relación del arzobispo Ulrich, del círculo francés A, surgió una amplia mirada al destacar que la Buena noticia de la familia es fuente de esperanza para todos, no sólo para los católicos. Una vez más, respecto a la naturaleza del matrimonio, se sugirió hablar de fidelidad e indisolubilidad como don y llamada, más bien que en simples términos jurídicos de deber.

Sobre la dimensión misionera de la familia y su identidad como imagen del amor trinitario insistió el círculo español B. El relator, arzobispo Porras Cardozo, sugirió que el documento final preste mayor atención a los hijos y a las diferentes realidades que existen en todo el mundo.

La atención a las diversas culturas, con la idea de programas catequísticos específicos, fue sugerencia del arzobispo Coleridge en nombre del círculo inglés C, que invitó a comprender mejor las dificultades de los jóvenes respecto a las opciones matrimoniales.

Una Iglesia que acompaña a las familias con atención pastoral personal y que con prudencia y sabiduría sepa ser misericordiosa y comprensiva, fue el deseo del círculo alemán a través de la relación del arzobispo Heiner Koch. «Misericordia y verdad, gracia y justicia —dijo—, no sólo contraposiciones, porque Dios es amor y con su misericordia Él nos hace justos».

Una invitación a seguir la «pedagogía de Dios» llegó también del arzobispo Diarmuid Martin, relator del círculo inglés B. Una pedagogía que parte del relato del Génesis, con la referencia a la unión entre el hombre y la mujer, y encuentra su realización en la vida de Jesús. Se necesita, al hablar de familia, un lenguaje menos jurídico que recurra a términos como «gracia», «bendición», «pacto para la vida». Es decir, hay que destacar las realidades bellas y positivas y recordar siempre que «todos necesitamos la misericordia de Dios».

Temas presentes también en la relación del círculo francés C. La familia —explicó el relator, arzobispo Durocher— «evangeliza a través de su ser mismo» que se funda en Jesús; y la misión de la familia es «dar luz al poder de la misericordia de Dios».

Concluyó la serie de relaciones el padre Dumortier, que, en nombre del círculo francés B, pidió una intervención magisterial y puso de relieve cómo el Evangelio de la familia no es un peso sino un «llamamiento a vivir en libertad y alegría».

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22 de Enero de 2019

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