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En defensa de la dignidad de toda persona

· La Iglesia en Filipinas por la recuperación de los toxicómanos ·

Manila, 20. «Nos preguntamos qué podíamos hacer en nuestro pequeña escala para ayudar en una campaña contra la droga, pero obrando del modo justo, en defensa de la dignidad de toda persona y para beneficiar realmente a la comunidad». El padre Luciano Airel Felloni, misionero argentino desde hace veinte años en Filipinas, explica así el proyecto lanzado en su parroquia en la diócesis de Novaliches, cerca de Manila, que pretende rehabilitar a los toxicómanos y reconducirlos hacia una vida digna. Un modelo de la acción que la Iglesia en Filipinas propone en alternativa a la campaña antidroga lanzada por el presidente Rodrigo Duterte que, desde su elección en junio de 2016, ha movilizado a las fuerzas del orden para resolver de un modo extremadamente enérgico, cuando no cruento, la plaga del tráfico y del consumo de droga en el país.

La estrategia de su gobierno, basada esencialmente en el miedo y en la acción de la aplicación de la ley, es ampliamente criticada en muchos aspectos. Desde el comienzo de la presidencia de Duterte, según los datos publicados por los medios de comunicación, más de 4500 drogadictos sospechosos han sido víctimas de las fuerzas policiales. A este dato ya impresionante, debemos agregar otras 23.500 ejecuciones extrajudiciales, el trabajo de escuadrones de «vigilantes». En su abrumadora mayoría, las víctimas son pobres, incapaces de acceder a costosos programas de recuperación.

Frente a una realidad tan dramática y compleja, muchos sacerdotes en todo el país han comenzado programas de rehabilitación y recuperación para drogadictos, que también son accesibles para los menos favorecidos de la población. A través del episcopado, la Iglesia Católica en las Filipinas ha urgido reiteradamente al gobierno a cambiar su enfoque de la guerra contra las drogas. Destacando que el camino correcto es el de la rehabilitación, la recuperación y la reintegración en el tejido social de las personas que han caído en la trampa de la adicción. «La Iglesia respeta la autoridad política, especialmente los funcionarios del gobierno elegidos democráticamente, exigiendo el respeto de los principios espirituales y morales básicos que nos son queridos, como lo sagrado de la vida, la integridad de la creación y la dignidad inherente de la persona humana», repitió el mes pasado el arzobispo de Davao, Romulo G. Valles, presidente de la Conferencia episcopal filipina, al final de la última sesión plenaria.

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18 de Noviembre de 2018

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