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En cambio lo ha escrito una mujer

· «El abandono a la Providencia divina» ha sido atribuido durante años al jesuita Jean-Pierre de Caussade ·

Amantine Lucie Aurore Dupin publica sus novelas pero, para que sean aceptadas, las firma George Sand; Mary Ann Evans se convierte en George Eliot. Currer Bell, Ellis Bell y Acton Bell no son más que los seudónimos masculinos de Charlotte, Emily y Anne Brontë, obligadas a usarlos para publicar sus novelas. Sólo después de la muerte de Maria Alfonsina Ghattas se descubrió que fue ella la verdadera fundadora, en Belén en 1880, de la Congregación del Rosario, cuyo fundador había sido siempre considerado el capellán de la comunidad. Y eso mismo sucedió a muchos otros institutos religiosos femeninos.

Recientemente, el historiador francés Jacques Gagey reveló que ocurrió también con uno de los libros más famosos de espiritualidad católica, El abandono a la Providencia divina, la obra espiritual más importante del siglo XVIII francés, redactada hacia 1740 y publicada en 1861. Von Balthasar lo consideraba «el libro bisagra que recogía la toda la epopeya mística», clásico de la espiritualidad y libro de la fisonomía única que acompaña constantemente a muchas personas espirituales. Estas páginas tan famosas y continuamente reeditadas no son, por tanto, obra del jesuita Jean-Pierre de Caussade, sino de una mujer. Gagey sabe que, en aquella época, no tenía importancia la atribución del autor. Hoy, sin embargo, sacarlo a la luz es un deber de verdad histórica, especialmente cuando todos creen que el autor es un hombre, y esto hace más difícil descubrir que en cambio es una mujer.

Se trata de una autobiografía espiritual, inscrita en la cultura espiritual del siglo como un texto coherente, obra de una sola mano: «Sólo quien no conoce bastante la literatura mística puede poner en duda que la autora sea una mujer». También porque el nuestro usa a menudo el femenino: «Tú debes regular todo: la santidad, la perfección, la salud, la dirección, la mortificación es asunto tuyo; el mío, Señor, es estar contenta de ti y no apropiarme ninguna acción y ninguna pasión, sino dejar todo a tu voluntad». La autora es una mujer de Lorena, dirigida por De Caussade de quien todavía se ignora el nombre, pero seguramente de condición social elevada y familiar con la Visitación de Nancy.

Se hace llamar Dama Abandono, a falta de un nombre preciso. Primero confidente y después protectora de De Caussade, hereda la gran tradición mística pero advierte también, y hace suya, la filosofía de las luces, en acepción positiva. Precisamente asumiendo la responsabilidad de usar con valentía el propio intelecto y de no remitir pasivamente su propia vida interior a un libro o a un director espiritual, la autora revela su elección de libertad. No deteniéndose en teorías o abstracciones, sino apuntando directamente, como ya había ocurrido con Teresa de Ávila, a su propia experiencia concreta.

Cuando en la espiritualidad aparece una innovación, sucede que entran en escena confesores o directores espirituales que se sienten en el deber de apropiarse de ella, quizás para hacerles recorrer un camino más seguro gracias a su superioridad intelectual y teológica. Por tanto estos consideran a la mujer sólo portadora de una intuición que, para ser desarrollada y dada a conocer, requiere la autoridad de un hombre y de sus instrumentos intelectuales.

A mediados del siglo XIX, la visitandina Marie Cécile Fervel descubrió fragmentos de cartas y se convenció que eran una correspondencia espiritual de la superiora de su monasterio, madre de Rottembourg. Compuso una carta con las diversas piezas, haciéndola pasar por una carta de De Caussade, y lo hizo de nuevo con otros fragmentos, llevando de este modo al engaño al jesuita Ramière, para conseguir que estos escritos entraran a formar parte de la preparación espiritual de las monjas. Ramière, reconociendo el valor de los textos, les dio a estos una forma de tratado en capítulos y les añadió también el título, El abandono a la Providencia divina , pensado como el medio más fácil de santificación, obra póstuma del padre De Caussade, jesuita. Las religiosas se concentran en él no para dedicarse al enredo, sino porque era habitual presentar un texto para adaptarlo a un ambiente específico. Las copistas modificaban, cortaban e insertaban con plena libertad pasajes adaptados a la vida del convento, se intercambiaban las cartas y copiaban de ellas los pasajes más significativos, dejando caer el nombre de quien escribe.

Verdadera ciencia es el abandono, que enseña la confianza en la vida y en el autor de la vida. Entonces la interioridad se abre en el canto de alegría de la libertad espiritual, el amor puro y el aniquilamiento de la propia voluntad, porque «la acción divina inunda el universo, penetra todas las criaturas, las sumerge». Dama Abandono no dice cosas nuevas, no es una innovadora, no se preocupa de las repeticiones, pero es rica en detalles psicológicos y sobre todo se inspira en una experiencia vivida. Su principio de devenir espiritual toma el nombre de abandono, y está abierto a la historia, a los eventos, a la aceptación de todo cuando ocurre, y de todo cuanto debemos sufrir. Observa que todo se mueve según una orientación providencial: «El momento presente es por tanto como un desierto, en que el alma sencilla ve sólo a Dios, de quien esta goza, ocupada solo en lo que él quiere de ella; todo lo demás es dejado, olvidado, abandonado a la Providencia».

La autora afronta el presente sin un método particular, pero se concentra sobre la postura profunda. El foco está precisamente en la experiencia cotidiana, en la traumaticidad continua del abandono como suspensión al amor: en la dulzura se refleja la audacia. El alma, en la responsabilidad de la propia libertad, practica la interioridad con la buena voluntad positiva y su conciencia se armoniza. En tiempos modernos y con otros conocimientos científicos, Jung definió este proceso de integración de la conciencia «proceso de individuación».

La Dama Abandono tuvo el mérito de designar el principio del devenir espiritual con su propio nombre, «abandono». Es hermoso, por último, saber que esta experiencia fundamental fue escrita y vivida por una mujer.

Cristiana Dobner

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17 de Febrero de 2020

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