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​El valor concreto del diálogo

· Obama en Cuba ·

«Histórica» es el adjetivo más utilizado en estas horas para definir la vista del presidente estadounidense Barack Obama a Cuba. Una visita histórica, se dice, porque la llegada del inquilino de la Casa Blanca a La Habana marca la caída del último pedazo de muro que, tras el fin de la segunda guerra mundial, dividió por decenios al mundo. Pero además de cerrar una época de contraposiciones, el viaje de Obama en la isla caribeña adquiere una dimensión particular, sobre todo porque indica una camino, raramente recorrido en la resolución de las controversias internacionales.

Cuál sea este camino, nos lo ha hecho entender hace algunos días el consejero de la Casa Blanca para la seguridad nacional, Ben Rhodes. «Hemos intentado durante 54 años –dijo– hacer caer con el embargo al régimen comunista del partido único para transformar a Cuba en una democracia. Desafortunadamente no ha funcionado y, por lo tato, esta visita oficial demuestra sólo que ha llegado la hora de probar otro camino».

Más allá de sus valoraciones sobre el modelo cubano, Rhodes ha dado a entender que además de medio siglo de muro contra muro no ha conducido a nada, sino a rigideces y sufrimientos cada vez mayores para la población sometida al embargo, literalmente apartada de la posibilidad de desarrollo.

El embargo sigue en vigor y no será fácil para Obama obtener la revocación, precisamente en el año de las elecciones presidenciales, de un Congreso controlado por los republicanos. Pero su visita a La Habana y, en la óptica cubana, la acogida de un presidente estadounidense da a entender cómo el diálogo es el camino más eficaz para recorrer en las relaciones internacionales, también en las más complicadas.

No es esta una valoración marcada de buenos sentimientos o de una visión reducida de los equilibrios geopolíticos. Torcidas son, en cambio, las consideraciones de quien se opone al acercamiento en nombre de las viejas inclinaciones ideológicas, o peor aún, de los cálculos electorales.

Conviene hablarse –y es un dato concreto– porque hablándose se conoce y se pueden en verdad superar las diferencias. Diferencias que entre Estados Unidos y Cuba aún existen: sobre la cuestión de los derechos humanos así como la clausura definitiva de Guantánamo. Pero la posibilidad de confrontarse directamente, a través de normales canales diplomáticos, constituye el primer paso necesario para buscar llegar a un acuerdo, como, por lo demás sucedió con los acuerdos sobre el material nuclear iraní. Y como, siempre en Cuba, está sucediendo, después de decenios de guerra, en las negociaciones entre el Gobierno colombiano y los guerrilleros de las FARC, a las que en estos días debió participar el secretario de Estado John Kerry.

He aquí, entonces que la presencia de Obama en La Habana adquiere un valor también simbólico, para recordar a un mundo que experimenta peligrosas tentaciones de cerrazón – se piense a los nuevos muros europeos erigidos contra los inmigrantes – el valor concreto de la confrontación abierta.

De Giuseppe Fiorentino

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19 de Septiembre de 2018

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