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El sexo ha perdido espacio

· Kaye Wellings y la sexualidad en la era de internet ·

 Cincuenta años después de la llegada de la píldora. Treinta años después del descubrimiento del sida. ¿Cómo es la sexualidad hoy, en la era de internet? ¿El mundo se está volviendo cada vez más promiscuo? Hemos hablado sobre este tema con Kaye Wellings, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, autora del primer estudio global sobre comportamientos sexuales, codirectora de la investigación periódica británica (Natsal), que sirvió como modelo a escala mundial, y “pionera de la salud sexual”, tal como la definió Lancet.

Kaye Wellings muestra su estudio global

Nos todos los estudiosos usan la palabra “revolución”, pero seguramente en la última mitad del siglo los modos y los tiempos del amor físico han cambiado mucho. En los países occidentales, la edad de la primera relación sexual ha descendido, ha aumentado el número de las parejas que se suceden durante la vida y se ha reducido la diferencia en el comportamiento de hombres y mujeres. Pero la categoría de promiscuidad no ayuda a comprender los fenómenos que se están manifestando, observa Wellings.

“Ha habido transformaciones de naturaleza demográfica. En los años cincuenta, dos tercios de las mujeres estaban de novias o casadas con su primer hombre. Ahora ya no es así”. Si la vida sexual para las muchachas y los muchachos occidentales comienza a los 16 años y el nacimiento del primer hijo se produce a los 30, en el ínterin muchos cambian pareja. La monogamia sigue siendo el modelo predominante, pero dentro de una serie. Mucho antes que la anticoncepción, la mayor igualdad entre hombres y mujeres en la instrucción y en el trabajo fue la causa de que se modificaran las dinámicas relacionales. ¿Qué sucedió después? Cayeron algunos tabúes, pero el sexo, en lugar de ganar terreno en la vida de las personas, lo ha perdido.

“En el último decenio las prácticas sexuales se han diversificado, ha aumentado el número de mujeres que refieren experiencias con otras mujeres, se ha reducido la frecuencia de las relaciones sexuales”. El nexo con la procreación sigue debilitándose, en una palabra, se acentúa el valor emocional del contacto físico. Datos confiables no existen, pero, según Wellings, internet ha contribuido a la disminución de las relaciones sexuales. Tabletas, teléfonos inteligentes y computadoras portátiles también han tenido su efecto: “La superación del límite entre espacio público y espacio privado, y la difusión de la pornografía” que, a su vez, cambia nuestro modo de concebir el cuerpo y de entablar relaciones con los demás.

¿Se trata de fenómenos destinados a difundirse con la globalización? En parte sí, obviamente, pero países y subgrupos de población seguirán distinguiéndose por factores clave como religión, nivel de bienestar, emancipación femenina, movilidad, etc. Más que la nacionalidad, contará la residencia rural o urbana, la billetera, la etnia de pertenencia. Por ahora no parece existir una tendencia universal a la anticipación de la primera relación. En las sociedades tradicionales, el número decreciente de esposas niñas desplaza la media hacia arriba, mientras que la mayor libertad sexual de una minoría de muchachas solas la hace descender. El problema, sin embargo, no es solamente demográfico.

El concepto de competencia sexual, que la estudiosa inglesa ha contribuido a desarrollar y ha sido adoptado por la Organización Mundial de la Salud, gira en torno al hecho de que el sexo debe ser consensual, protegido y consciente. Si el momento es el momento justo o no, depende de cada persona y de su tradición moral y religiosa y de cuán libre y preparada se sienta, una condición que no puede darse por descontada ni siquiera en Occidente.

A menudo los datos desmienten los lugares comunes. En particular, el hecho de que la proporción de hombres y mujeres que han tenido más de una pareja en el último año sea mucho más alta en los países ricos que en los pobres, ha sorprendido incluso a Wellings. “Se creía que las enfermedades sexualmente transmisibles estaban más difundidas en África a causa de la promiscuidad. En cambio, la explicación más plausible es la pobreza, que comporta escasa prevención”. En las regiones desarrolladas del mundo, entre los años ochenta y noventa la amenaza del sida frenó los comportamientos de riesgo y la difusión de otras enfermedades, pero hoy su repercusión ha pasado. “Creo que el respeto a las personas es una motivación más eficaz y duradera que el miedo, incluso por lo que respecta a la conducta sexual”, dice Wellings.

Comoquiera que sea, estudiar la sexualidad humana desde una perspectiva laica en 2014 no puede significar únicamente preocuparse de las enfermedades y los embarazos prematuros: la calidad de las experiencias sexuales influye en la autoestima, en la salud mental, en la estabilidad de las relaciones de amor, en las expectativas de felicidad y en el deseo de vínculos fuertes. El placer del contacto físico es bienestar y, por tanto, salud, pero no solo. La sexualidad cambia, y debe ampliarse también la perspectiva de quien observa su evolución.

Anna Meldolesi

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17 de Febrero de 2020

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