Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

El rostro más bello

Como un bello regalo pascual hemos recibido la nueva exhortación pastoral del Papa Francisco, firmada el día de san José y publicada el día 9 de abril.

No cabe duda de que la santidad es el rostro más bello de la Iglesia y es el proyecto divino para el cual nos regaló la gracia inestimable del Bautismo. Aquí también nos «primereó» Dios Padre haciéndonos hijos en el Hijo.

Muchas veces comenzando mis clases de Teología Moral en el Seminario de Tegucigalpa les recuerdo la carta a los Efesios: «Antes de la creación del mundo nos eligió para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor» (Efesios 1 ,4), y nuestra vida moral no es más que «caminar de una manera digna de la vocación con que hemos sido llamados» (Efesios 4, 1).

Él nos quiere santos con audacia y con fervor. ¡Qué oportuno este mensaje en el camino hacia el próximo Sínodo y hacia la jmj en Panamá! No nos podemos conformar, ni ser mediocres ni «licuados». Todos, pero especialmente los jóvenes, y los que no lo somos tanto, entendemos este lenguaje sencillo y directo.

¿Cuál es la altura de la santidad? No cabe duda que la estatura que Cristo alcanza en nosotros. También nos lo recuerda San Pablo: el hombre perfecto a la estatura de Cristo (Cf. Efesios 4, 13).

Pero hoy día hay dos obstáculos actuales a los cuales el Santo Padre llama los enemigos de la santidad, entre otros, que nos ponen en guardia: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo, que a pesar de nombres que nos remontan a herejías muy antiguas, tienen disfraces muy actuales y atrayentes, por eso: jamás una mente sin Dios y sin carne, ni la ansiedad, ni el orgullo, ni el dominio.

Gracias, Santo Padre por recordarnos que el capítulo v de la Lumen Gentium no puede quedarse dormido en los anaqueles, sino que lleva consigo un dinamismo siempre actual y al alcance de la mano. Nos llama a todos, incluso a la «clase media de la santidad», a los santos de la «puerta de al lado». Los santos nos alientan y acompañan.

No tengamos miedo de la santidad porque no nos quitará fuerzas, ni vida ni alegría. Es una palabra constante del Santo Padre: no tengamos miedo. Al contrario, la santidad es fuente de una energía que ni las persecuciones, ni la maledicencia ni la murmuración nos podrá quitar.

La vida es una misión. No podemos pensar la misión del cristiano en la tierra sino como un camino de santidad sin temor a las periferias. Por eso, corramos con constancia en la carrera que nos toca. Nuestro bautismo debe fructificar en ese camino. Santos e irreprochables ante Él por el amor dejando que la gracia dé frutos de santidad.

Y los caminos concretos son las bienaventuranzas y la misericordia, con el gran protocolo de la caridad. Esta bella meditación sobre las bienaventuranzas nos recuerda la preciosa meditación sobre el capítulo 13 de la 1 Carta a los Corintios que el Papa nos regaló en Amoris Laetitia.

En este panorama alentador y desafiante, no puede faltar la Virgen María, la Santísima por excelencia. Ella nos libera, nos consuela y santifica.

Orando comprendemos a Jesús y discernimos.

La llamada es hoy como ayer: camina en su presencia y sé perfecto. Esta bella exhortación del Papa Francisco sigue la tónica de su magisterio animador y estimulante: la alegría del Evangelio, la alegría del amor, la alegría de la santidad.

Sólo hay una tristeza: ¡No ser santos!

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

22 de Abril de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS