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El Papa y la encrucijada de Europa

Hay un aspecto muy importante de este doble viaje del Papa a Bulgaria y a Macedonia del Norte que corre el riesgo de pasar inadvertido; Además de los objetivos evidentes del ecumenismo y el proceso de paz, la visita del Papa a este pequeño pero crucial segmento de Europa tiene un significado precisamente para el destino del Viejo Continente, es decir, para el estímulo que promueve el Papa sobre el destino de Europa. No es casualidad que al final del último discurso, el de los sacerdotes y religiosos de Skopje, el Papa citara una hermosa reflexión de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, patrona de Europa, sobre el significado de la historia: «Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que sólo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado». Todos quisiéramos ser, continuó el Papa «potentes o influyentes», pero la historia no es la que se cuenta en los manuales y estos pueden tener «una imaginación sin límites». Y aquí vienen a la memoria las dos estatuas que acompañaron la visita del martes a Macedonia del Norte, la primera, ante la cual el Papa se reunió en oración, la de la Madre Teresa de Calcuta, una pequeña estatua para la monja que nació en Skopje, y la segunda, el gigantesco monumento ecuestre de Alejandro Magno, colocado sobre una columna imponente que domina toda la gran plaza de Macedonia, lugar de la misa papal en la mañana. Alejandro y Teresa, el poder y la ternura, la fuerza y la misericordia, el poder y el servicio.

En este viaje a las tierras del cruce de caminos de Europa, lugares de encuentros y enfrentamientos entre diferentes almas, etnias y tradiciones, el Papa recordó que este continente siempre ha sido (y sigue siendo) colocado frente a una encrucijada que no es geográfica sino espiritual. Hoy el desafío está entre la seguridad y la solidaridad, pero se trata de un desafío antiguo. Lo recogió bien el gran historiador inglés Arnold Toynbee al afirmar en su ensayo-summa El relato del hombre, que «el hombre occidental ha honrado formalmente, desde el siglo xiii en adelante, a san Francisco de Asís, el santo que renunció a heredar un próspero negocio familiar y fue recompensado con los estigmas de Cristo por su unión con la Virgen de la pobreza. Pero el ejemplo que el hombre occidental realmente ha seguido no ha sido el de San Francisco, sino el de su padre Pietro Bernardone, el rico comerciante de textiles».

Hoy al corazón de Europa ha llegado un Papa que ha elegido el nombre de Francisco y que le pregunta al hombre occidental sobre la dirección a seguir, sabiendo que la historia todvía no se ha escrito de una vez por todas, sino que siempre está abierta a la novedad del Espíritu que renueva todas las cosas, incluso los viejos continentes.

Andrea Monda

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22 de Noviembre de 2019

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