Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

​El olfato de los cristianos

· ​Misa en Santa Marta ·

En una sociedad contaminada por el «esmog de la corrupción», el cristiano debe ser «astuto» y tener «olfato»: de hecho «no puede permitirse ser ingenuo» porque custodia un «tesoro que es el Espíritu Santo». La reflexión propuesta por el Papa Francisco durante la misa celebrada en Santa Marta la mañana del viernes 10 de noviembre, tocó una de las heridas abiertas del hombre contemporáneo. Y, en el dirigirse a la conciencia de cada persona, interpeló en particular a quienes en la sociedad tienen responsabilidades colectivas de gobierno y administración.

Punto de partida de la homilía fue el pasaje evangélico del día, en el cual Lucas (16, 1-8) pasa de las «tres palabras de la misericordia» a un argumento «totalmente diferente» a través de la parábola del administrador deshonesto. Mientras las precedentes describían «la historia de Dios, la historia del amor, la historia de la misericordia», aquí se llega a «una historia de corrupción».

El Pontífice resumió la historia en la cual se habla de un hombre rico que «había escuchado cómo se administraba su empresa» y se dio cuenta de «algo sospechoso en relación con el administrador». Un personaje deshonesto que, evidentemente, «tenía la mano larga» y, sabiendo bien cómo hacer malabarismos con las estafas, «fue adelante mucho tiempo, hasta el momento que el hombre rico se dio cuenta». ¿Y cómo reaccionó el administrador? Es el mismo pasaje evangélico, del que habló el Papa, el que sondea sus pensamientos. «Pero ahora con esta costumbre que yo tengo de ganancia fácil, ¿tengo que volver a trabajar? ¿A ganarme el pan con el sudor? ¿Levantarme todos los días a las seis de la mañana? No, no, no».

De esta conciencia, explicó el Pontífice, nace la táctica del administrador que empieza haciendo «grupos con otros corruptos». E incluso si «algunos de estos no eran corruptos» les «gustó la propuesta y entraron en la corrupción». Comentó Francisco: «¡Son poderosos estos! Cuando hacen los grupos de la corrupción son poderosos; incluso llegan a actitudes mafiosas». Y subrayó que lo descrito en esta parábola «no es una fábula», no es «una historia que debemos buscar en los libros de historia antigua: la encontramos todos los días en los periódicos, todos los días». De hecho, añadió, «esto sucede también hoy, sobre todo con esos que tienen la responsabilidad de administrar los bienes del pueblo». Por otro lado «con los propios bienes nadie es corrupto, los defiende». La conclusión del pasaje evangélico abrió el camino a las consideraciones del Pontífice. Sobre todo se lee «que el señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente». De hecho, explicó el Papa, los corruptos en general «son astutos», saben llevar bien su conducta deshonesta: «También con cortesía, con guantes de seda, pero la hacen bien». Y, sobre todo, en el pasaje está el comentario final de Jesús que dice: «los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz». Esta es «la consecuencia que Jesús toma de esta historia, que es una historia cotidiana. La sagacidad de estos».

Precisamente de aquí Francisco empezó a profundizar en su reflexión preguntándose: «Pero si estos son más sagaces que los cristianos —pero no diré cristianos, porque también muchos corruptos se dicen cristianos—, si estos son más sagaces que esos fieles a Jesús, yo me pregunto: ¿pero hay una sagacidad cristiana?». La parábola ofreció al Papa el matiz para considerar la vida concreta del cristiano, que cotidianamente debe enfrentarse con la plaga de la corrupción. Francisco empezó por una pregunta: «¿Existe una actitud para aquellos que quieren seguir a Jesús» de forma que «no terminen mal, que no terminen comidos vivos —como decía mi madre: “comidos crudos”— por los otros»? ¿Cual es «la sagacidad cristiana», una sagacidad, es decir, «que no sea de pecado, sino que sirva para llevarme adelante en el servicio del Señor y también en la ayuda de los otros?». ¿Existe «una astucia cristiana»?

La respuesta, dijo el Papa, viene directamente del Evangelio, donde se encuentran «algunas palabras, algunos dichos que nos ayudan a entender si existe — yo diré— el olfato cristiano para ir adelante sin caer en los grupos de la corrupción». Jesús, de hecho, con tal fin utiliza «contraposiciones», como la de «corderos» y «lobos» («Yo os envío como corderos entre lobos») con la cual se entiende que «el cristiano es un cordero que debe ingeniárselas con los lobos». Y por eso, a través de «otra paradoja» se da un consejo: «Sed prudentes como las serpientes y sencillos como la paloma». Pero, prosiguió Francisco, «¿cómo se hace para llegar a esta actitud de prudencia como las serpientes y de sencillez como las palomas?». De nuevo la sugerencia viene de Jesús, que «repite muchas veces en el Evangelio: “Estad atentos, estad atentos. Mirad, mirad los signos de los tiempos: cuando el árbol de los higos comienza a dar hojas es porque está cerca la primavera; cuando el almendro florece está cerca la primavera». Es necesario, por tanto, estar «atentos a lo que sucede», mirar bien, tener «los ojos abiertos».

Es precisamente esta, explicó el Pontífice, la primera actitud que nos lleva a la «sagacidad cristiana»: la atención a lo que sucede. Cultivar, es decir, ese «sentido de la desconfianza sana» que nos lleva, por ejemplo a decir: «De este no me fío, habla mucho, promete mucho...». Como sucede cuando alguno propone: «“Haz la inversión en mi banco y te daré un interés doble del que dan los otros” — “Oh, ¡qué bueno!”». Y sin embargo el sagaz entiende que «esto es demasiado». El cristiano, por tanto, «está atento, mira los signos de los tiempos».

Hay después una segunda sugerencia: «reflexionar». Es necesario, sugirió Francisco, «no ser rápidos al aceptar las propuestas, porque el diablo siempre hace así con nosotros; vienen con una humildad fingida». Lo mismo le sucedió a Eva: «“Pero mira esta manzana, es bonita, ¡eh!” — “No, pero no puedo comerla” — “Pero mira, si tú la comes te convertirás en...”». Una historia que todos conocen y que habla de la «seducción» del diablo. Es necesario por tanto «estar atentos y reflexionar», teniendo en cuenta que «el diablo sabe por qué puerta entrar en nuestro corazón, porque conoce nuestras debilidades. Cada uno tiene la propia. Y llama a esa puerta, entra por esa puerta».

Finalmente, un tercer elemento: «rezar». Si se tiene estas tres actitudes, afirmó el Papa, «puedes estar seguro de que llegará esta sagacidad cristiana que no se deja engañar, no se deja vender un trocito de cristal creyendo que sean piedras preciosas. Y así seremos, como dice Jesús: “prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas”». Y «tendremos el olfato cristiano delante de las cosas que suceden».

En conclusión, como es habitual, el Pontífice sugirió una intención de oración unida a la meditación apenas realizada: «Rezamos hoy al Señor para que nos dé esta gracia de ser astutos, cristianos astutos, de tener esta sagacidad cristiana», porque «si hay una cosa que el cristiano no puede permitirse es ser ingenuo». De hecho «como cristianos tenemos un tesoro dentro: el tesoro que es Espíritu Santo. Debemos custodiarlo». Quien «se deja robar el Espíritu» es un ingenuo. Y un cristiano «no puede permitirse ser ingenuo». Pedir al Señor «esta gracia de la sagacidad cristiana y del olfato cristiano», concluyó el Papa, es también «una buena ocasión para rezar por los corruptos». Por otro lado, dijo Francisco, «se habla de esmog que causa contaminación», pero existe también «un esmog de corrupción en la sociedad». Por eso «rezamos por los corruptos: pobrecillos, que encuentren la salida de esa cárcel en la que han querido entrar».

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

18 de Enero de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS