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El mejor vino

A tres meses del Sínodo de los obispos, el Papa Francisco trazó un elogio realista y conmovedor de la familia. Explicando en Guayaquil ante más de un millón de personas el singular y misterioso relato evangélico de las bodas de Caná, el Pontífice recorrió la narración de san Juan desde un particular punto de vista: es decir, insistió en la preocupación de María, la madre de Jesús, que durante la fiesta de los esposos se dio cuenta que faltaba vino, y mostró de esta forma —a pesar de interesadas instrumentalizaciones— el motivo de su insistencia, desde el inicio del pontificado, sobre el tema crucial de la familia, un tema que afecta a todos, no sólo a los creyentes.

Las bodas de Caná se repiten en cada generación, para que «nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos, en amores alegres». El vino, en efecto, es signo de alegría, amor, abundancia: «Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos» exclamó con dolor el Papa.

Y luego se cuenta con la falta de trabajo, las enfermedades, las «situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan». Todo esto —en una actualización original del relato de san Juan— explica la solicitud del Pontífice por el tema confiado al itinerario sinodal, y con una participación sin precedentes de las comunidades católicas de todo el mundo. En la narración evangélica es María quien se dirige al hijo, rogándole, para que nos enseñe de este modo a «dejar nuestras familias en manos de Dios», porque «nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios».

A menudo la familia no es el lugar que quisiéramos. Hay un detalle en el relato de las bodas de Caná que debe hacernos reflexionar, observó el Papa Francisco: el vino nuevo nace del agua destinada a la purificación. Así, el próximo Sínodo debe encontrar «soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar», y por eso el Pontífice pidió oraciones, «para que aun aquello que nos parezca impuro, como el agua de las tinajas, nos escandalice o nos espante», sea transformado por Dios en un milagro. Y «la familia hoy necesita de este milagro», exclamó entre los aplausos de la enorme multitud de fieles.

De otro detalle del relato evangélico habló por último el Papa Francisco, porque los invitados a la boda bebieron el mejor vino. «Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir», dijo el Pontífice, a pesar de cualquier variable y estadística contraria, y pidió que se repita también a los desesperados y a los desamorados: «Tened paciencia, tened esperanza, haced como María, rezad, actuad, abrid el corazón», porque «Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino».

g.m.v

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15 de Septiembre de 2019

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