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El libro de la misericordia

Durante los días transcurridos en Polonia, los gestos y las palabras simples del Papa Francisco han conquistado el corazón de muchísimas personas, y no sólo entre los jóvenes reunidos para la Jornada mundial de Cracovia. Lo han resaltado los medios de comunicación polacos, poniendo el foco de atención en el tono positivo y un nuevo espíritu de concordia con el cual es leída y recibida esta visita papal, la primera en la Europa centro-oriental. Y como ya había pasado durante el viaje en Estados Unidos iniciado por el itinerario cubano, la acogida afectuosa del Pontífice y de su mensaje han desmentido las previsiones pesimistas, no desinteresadas, difundidas la víspera en diversos medios de comunicación.

El aniversario del bautismo de Polonia, el recuerdo de la Shoa y el encuentro mundial de la juventud se han entrelazado durante este itinerario gracias a un motivo común clarisimo: el de la misericordia. Corazón del Evangelio y centro de la predicación misionera de Bergoglio, este hilo conductor ha aparecido con evidencia en la grandiosa y sobria Vía Crucis en la cual han participado seiscientos mil jóvenes, y luego en la visita a los lugares donde son venerados sobre todo dos grandes testigos de la misericordia: Faustina Kowalska y Karol Wojtyła.

En el nuevo santuario dedicado a su predecesor, el Papa ha celebrado para sacerdotes y consagrados, mujeres y hombres, meditando el episodio de la aparición de Jesús al apóstol Tomás y deteniéndose en estos tres temas: el lugar de la escena narrada según san Juan, el discípulo que dialoga con el Señor y el Evangelio mismo, el que en un mensaje a los «lejanos» durante la misión de Milán que tuvo lugar en noviembre de 1957 el arzobispo Montini definió, con expresión simple y, a mismo tiempo eficaz, el «gran libro».

El lugar estaba cerrado, y Jesús, en cambio, desea que sus discípulos salgan. En esta interpretación del pasaje del Evangelio el Pontífice ha dicho que oía el eco de las palabras que resonaban con fuerza en el comienzo del Pontificado de Juan Pablo II: «Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo». Y la invitación a salir de los lugares cerrados, inevitablemente autoreferenciales y estériles, coincide con la misión y con la alegría de anunciar el Evangelio (Evangelii gaudium), que para el Papa son centrales e irrenunciables. Así como es fundamental, tomando el ejemplo del apóstol Tomás, la continua búsqueda de Cristo y la educación del corazón.

Para finalizar, el «gran libro», donde «no están escritos los otros muchos signos que hizo Jesús», como señala el evangelista y como ha recordado el Pontífice ofreciendo una interpretación tan sugestiva como exigente: El Evangelio, «libro vivo de la misericordia de Dios, que hay que leer y releer continuamente», todavía «tiene al final páginas en blanco»: son hojas de «un libro abierto, que estamos llamados a escribir con el mismo estilo, es decir, realizando obras de misericordia». Las «corporales» y las «espirituales» que la tradición cristiana ha resumido en catorce síntesis escandidas con originalidad durante el Vía Crucis de Cracovia.

g.m.v.

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15 de Noviembre de 2019

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