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El hombre de la escucha

El secuestro y el asesinato de Aldo Moro y el recuerdo todavía incrédulo y angustiado de esos días marcó de forma indeleble la historia italiana de los últimos decenios. Todo esto no debe, sin embargo, oscurecer la figura y la obra de este hombre que Pablo vi en la carta del 21 de abril de 1978 a las Brigadas Rojas definió «bueno y honesto, al que nadie puede culpar de ningún delito, o acusar de escaso sentido social y de falta de servicio a la justicia y a la pacífica convivencia civil». 

Pocas horas después del asesinato, en el Osservatore Romano del 10 de mayo de 1978, junto al comentario del director Valerio Volpini fue publicado un recuerdo de Moro escrito por Raimondo Manzini, que había dirigido el periódico desde 1960 hasta el inicio de ese año, solo pocas semanas antes del increíble secuestro que conllevó la masacre despiadada de los cinco hombres de la escolta del estadista italiano. «Era el hombre “de la escucha”: y por eso más espeluznante, odiosa e imperdonable es la violencia contra su persona, respetuosa con todos, abierta a la socialidad, atenta a los movimientos y a los fenómenos de la historia, para comprenderlos y dirigirlos humanamente. Hay algo, en este delito, de inexplicable y de deshumano más allá de cualquier otro crimen» escribía Manzini. Y continuaba: «Revisamos y repensamos con tormento indescriptible ese rostro suyo un poco triste, penoso, en el cual estaba como el perenne interrogante de quien busca comprender y penetrar en los “demás”, y las situaciones cambiantes para evaluar su peso, para desentrañar su significado».

Y proseguía Manzini: «Recuerdo a Aldo Moro, Secretario del Partido, en algunas reuniones con los exponentes y representantes políticos de las periferias, escuchando horas y horas, paciente, atento, sin signos de cansancio, las intervenciones más variadas, para darse cuenta de cuáles eran los problemas, las expectativas, los estados de ánimo de las distintas regiones y solo “después”, pasados varios días, con el debate concluido, tomaba una decisión directiva».

El 13 de mayo en el Laterano, el Papa participó en el funeral del estadista asesinado y en la dramática oración señaló el «legado que sobrevive de su recta conciencia, de su ejemplo humano y cordial, de su dedicación a la redención civil y espiritual». Describiendo un legado que permanece.(g.m.v.)

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21 de Agosto de 2018

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